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Cuba antes de 1959: prosperidad y frustraciones de una república

 
ENCUESTA:
¿Podrá recuperar Cuba su esplendor de los 50?

Especial para El Nuevo Herald

En las primeras décadas de la república, los cubanos desarrollaron lo que comenzó a ser conocido como una "mentalidad plattista'', mediante la cual ellos dependían de Estados Unidos para sus decisiones políticas. "El tutelaje'', escribió el intelectual cubano Jorge Mañach, "favoreció el crecimiento de una indolencia cívica general, una tibia indiferencia ante los peligros nacionales''.

Esta indolencia cívica no fue conducente al crecimiento del nacionalismo cubano. Mientras la centuria avanzaba, otra fuerza, "el españolismo'', se convirtió en un importante factor en mantener la nacionalidad dividida. Cuando Cuba se hizo independiente, a los españoles se les garantizó el derecho a sus propiedades y se les permitió mantener sus negocios. Las constantes inmigraciones de españoles fortalecían sus tradiciones y costumbres y muchos, esperanzados en un eventual retorno a España, no lograban asimilarse a la sociedad cubana.

Una peligrosa tendencia a solucionar las diferencias a través de la violencia permeó también la atmósfera política. La violencia se convirtió en la forma legítima de influenciar cambios políticos.

Fracaso del reformismo:

Al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Ramón Grau San Martín y los auténticos llegaron al poder, el uso de la violencia organizada tomo una dimensión sin precedentes. La relativa calma de los años de la guerra dio paso a una era materialista y violenta. La violencia urbana reapareció entonces con proporciones trágicas. Aunque parte de la generación que emergió después de la guerra conservaba un fanatismo redentorio y el deseo de cumplimentar las aspiraciones de "la revolución frustrada'' de 1933, una parte aun mayor hacía evidente un insaciable apetito de poder y riqueza. Refugiados de la Guerra Civil Española también extendieron su activismo y rivalidades a Cuba.

Electo a la presidencia en 1944, Grau siguió una política conciliatoria hacia estos grupos que lo apoyaban y permitió su proliferación, en muchos casos ubicando a sus líderes en empleos gubernamentales. Predominaba en el país un sistema de nepotismo, favoritismo y pandillerismo. A pesar de numerosos logros, los auténticos fracasaron en crear un gobierno honesto y en diversificar la economía cubana. El celo reformista de la primera administración de Grau había disminuido considerablemente. El propio Grau parecía ablandado después de años de exilio y frustración.

Además, enfrentaba determinada oposición en el Congreso y entre los elementos conservadores que se habían unido a su partido. No solo Grau, sino muchos de los líderes estudiantiles de la generación de 1930, participaron en prebendas y corrupción. Cuando se enfrentaron a la realidad de la política cubana, su anterior idealismo y reformismo dieron paso al materialismo y el oportunismo.

A pesar de haber establecido gobiernos democráticos que respetaban los derechos humanos y creado prosperidad en el país, para muchos los auténticos habían fracasado en cumplimentar las aspiraciones de la revolución antimachadista, especialmente en el área de honestidad administrativa. Quizás los cubanos esperaban demasiado en muy corto tiempo. Aún se recordaban las rápidas reformas implementadas durante la primera administración de Grau y muchos esperaban que continuaran.

El fracaso de Grau en llevar honestidad y orden a la vida pública y las aspiraciones presidenciales del congresista auténtico Eduardo Chibás, produjeron una escisión en el partido. Chibás y otros líderes auténticos fundaron el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) en 1947. Conducido por Chibás, un antiguo líder estudiantil de la generación de 1930, este partido se convirtió en el depositario de los ideales de la "revolución frustrada'' y en el refugio de una nueva generación decidida a convertir aquellas ideas en realidad.

El Nuevo Herald

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