Cuba: la utopía errante

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Heroínas olvidadas del presidio político

 
 

Georgina Cid y su esposo Orlando Castro en su casa de Miami. Georgina está entre las miles de mujeres presas políticas del régimen de Castro.
Georgina Cid y su esposo Orlando Castro en su casa de Miami. Georgina está entre las miles de mujeres presas políticas del régimen de Castro.
PATRICK FARRELL / MIAMI HERALD

The Miami Herald

Con el tiempo, algunas de las mujeres fueron despojadas de sus ropas y metidas en celdas recientemente construidas en las que losas de concreto cubrían las ventanas. Tenían puertas de hierro con una ventanilla por donde se pasaba la comida y una jarrita. En la época de calor era un horno. Tocaban la Internacional Comunista constantemente.

"Aquellas celdas fueron construidas por mentes enfermas, por personas que pensaban que podían quitarnos nuestros principios, nuestras ideas, nuestra fuerza'', dijo Olga. ‘‘Estaban equivocados''.

El historiador cubano Pedro Corzo es un antiguo preso político cuya organización, Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, documenta los abusos del régimen contra los derechos humanos. Corzo considera que el caso de las mujeres fue ‘‘único en su tiempo, frecuentemente sufriendo más abusos que muchos de los hombres''.

Pero ese sufrimiento las hizo más fuertes. Podian cantar y hace chistes y burlarse de sus carceleros. Y rezar.

A Polita Grau, que murió en el sur de la Florida en 2001, le encantaba tocar la guitarra, organizar coros de Navidad y entonar canciones religiosas prohibidas por el régimen ateo.

En Nuevo Amanecer, el perverso nombre de un campo de trabajo en la provincia de La Habana, Aracelis Rodríguez San Román recuerda como le gustaba a las muchachas escuchar cuando Polita hablaba de sus años como Primera Dama durante la presidencia de su tío. Araceli, Polita y La Niña del Escambray estuvieron entre las últimas plantadas allí a fines de los años 70.

Aracelis Rodríguez viene de una gran familia de 11 hermanos, gente de campo que cultivaba arroz, tabaco malanga y maíz en Pinar del Río. Con sólo sexto grado de estudios, era sumamente lista. Mantenía los libros del Frente Unión Occidental, un grupo anti-castrista que su tío dirigía para interrumpir el comercio saboteando puentes.

Ese tío, Esteban Márquez Novo, logró escapar a Estados Unidos, fue entrenado por la CIA y regresó a Cuba para hacer misiones y sacar algunos de sus sobrinos entre 1961 y 1964.

Dos de los hermanos de Aracelis también regresaron el 13 de mayo de 1964. Gilberto murió en combate. "Tenía una ametralladora y logró matar a dos o tres de ellos'', dijo Aracelis. Su hermano Arsenio escapó pero estuvo escondido durante casi un cuarto de siglo hasta que pudo huir en una lancha. Cuando supo la noticia de la muerte de su sobrino Gilberto, Márquez Novo, que dirigía el Frente, tomó la pistola y se suicidó.

Ese mismo día, Aracelis, su padre, su tío y otro hermanos fueron capturados. A ella la llevaron a las oficinas del G-2 en Pinar del Río. Querían que identificara el cuerpo de su hermano Gilberto. La llevaron a un cuarto donde había un montón de ropa en el suelo.

"Estaban llenas de sangre'', recuerda, "pero no vi el cuerpo. Durante años no supe si estaba realmente muerto''.

"La historia es tan espantosa. Nadie se lo imagina. Yo no hablo mucho de esto porque me hace daño''.

En 1979, Aracelis Rodríguez salió de Nuevo Amanecer y vino para Miami, junto con otros 3,000 presos políticos liberados. Tenía 39 años y estaba a punto de casarse con otro preso. Ahora viuda, Rodríguez se hace cargo de su madre de 98 años y de su tío Ramón San Román Novo, de 94, que pasó 24 años preso.

Cincuenta años. Familias diezmadas por pelotones de fusilamiento, asaltos, suicidios, largas cárceles. Mujeres puestas en libertad demasiado viejas para tener hijos.

¿Odio? No. Pero justicia sí.

"Yo soy una de esas personas que no perdona ni olvida'', dijo Gladys Ruisánchez, que cumplió 10 años de prisión. Su padre y su futuro esposo también fueron presos.

Hoy, Gladys ayuda a organizar eventos para reunir a las mujeres, y encontrar formas de ayudar a la oposición en Cuba, a grupos como las bibliotecas independientes que funcionan en las casas, dirigidas en ocasiones por familiares de los ex-presos políticos que quedan en Cuba.

Georgina Cid dice: "Lo único que me felicito de esa prisión es que tuve la oportunidad de conocer personas de muchos valores morales y espirituales. Que nos ayudamos y nos cuidamos mutuamente y aun ahora lo seguimos haciendo por que era un sufrimiento común. Nos preocupábamos cada una de las otras, y todavía seguimos haciéndolo porque compartimos un sufrimiento común''.

Al volver una página del libro de memorias de su difunta madre, que tiene cientos de sus cartas numeradas de prisión, Georgina detecta un amarillo recorte de periódico sobre la muerte de su hermano. El titular reza: "Cuba será libre por al sacrificio de sus hijos''.

Y de sus hijas.

El Nuevo Herald

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