En materia de seguridad social el logro más importante consistió en asegurarle un empleo o una pensión a todo trabajador, pero a un costo insostenible para la economÃa. Como la revolución convirtió al Estado cubano en el único empleador, a cada trabajador se le aseguró un puesto de trabajo en alguna oficina, taller, fábrica o granja, independientemente de su capacidad productiva.
Esta garantÃa laboral también hizo que las empresas, casi todas estales, no pudieran manejar sus recursos humanos con los niveles de flexibilidad y eficiencia necesarios para ser solventes. De hecho, las empresas gastaban más de lo que ganaban y cuando se sumaban todas, el paÃs igualmente gastaba más de lo que producÃa y, por ende, necesitaba préstamos o donaciones externas. Sin embargo, la ilusión de este supuesto logro laboral se desvaneció con la desaparición de los subsidios, al verse forzado el gobierno cubano a permitir el trabajo por cuenta propia cuando se hizo ostensible que la economÃa cubana no podÃa sostener tanto empleo artificial. Es por eso que Raúl Castro ha prometido reformas salariales para mejorar la eficiencia productiva de las empresas, aunque todo parece indicar que su hermano mayor no lo permite.
El déficit agregado de las empresas se sumó al gasto en salud y en educación y, encima de todo, al gasto en pensiones que el Estado les habÃa garantizado a todos los que alcanzaban la edad de retiro. Aunque el gasto del gobierno en seguridad social sólo pareció caer en un 10 por ciento entre 1989-1995, la caÃda del poder adquisitivo del peso cubano hizo que las pensiones reales fueran cada vez menores. Es asà como la pérdida de la cuantiosa ayuda soviética (era el trabajador soviético el que la pagaba sin saberlo) dejó al descubierto estado precario de la economÃa cubana, quebrando sus sistemas gratuitos de servicios de salud, sus regÃmenes de pensiones, su aparente pleno empleo y su capacidad de garantizar unos niveles mÃnimos de consumo para la población. Al principio, los servicios de educación no sufrieron tanto como los de salud, pues los primeros dependen esencialmente de la fuerza de trabajo representada por el personal docente, mientras que los segundos exigen una corriente continua y voluminosa de suministros importados.
Los logros en materia de deportes son más realistas y sostenibles porque es fácil contar medallas o triunfos deportivos y obtenerlos requiere muchos menos recursos que la educación o la salud. Basta que los recursos se concentren en actividades seleccionadas. En materia cultural es más difÃcil medir los logros, pero tampoco se requieren tantos recursos y se puede notar una gran cantidad de actividades, aun cuando las mismas no gocen de las libertades individuales existentes en casi cualquier otro paÃs del mundo. El hecho es que es mucho más barato desarrollar una capacidad deportiva para lograr medallas en eventos olÃmpicos internacionales, o una presencia cultural significativa que desarrollar toda una economÃa, un sector educativo, uno de servicios de salud o financiar todas las pensiones del paÃs.
La desintegración soviética demostró que muchos de los "logros'' revolucionarios no eran sostenibles sin los subsidios soviéticos, los que no han podido ser reemplazados con los subsidios de Venezuela. En un futuro post castrista algunos de los programas podrán ser factibles, especialmente los de educación primaria y secundaria, si la economÃa cubana logra recuperarse y crecer rápidamente. Pero la cobertura actual de una educación universitaria gratuita de alta calidad no se podrá mantener, mientras que la cobertura de los programas de salud estará seriamente condicionada por el progreso que se logre en la economÃa. Y ningún problema será más árido que el financiamiento de las pensiones de una población creciente de ciudadanos en edad de retiro. La tasa de fertilidad de Cuba es una de las más bajas del mundo: 1.61 niños por mujer, lo que indica que el volumen de población estarÃa comenzando a reducirse y posiblemente se reduzca en pocas décadas. Esto hace que crezca la proporción de personas en la tercera edad, o sea, las que ya no participan en la fuerza de trabajo.
El legado económico de 50 años de Fidel Castro es una Cuba endeudada, depauperada y productivamente postrada, con necesidades que se han ido acumulando durante cinco décadas. El legado también incluye más cubanos educados pero no sabemos cuán mejor educados, definitivamente no más saludables, ni mejor alimentados, vestidos o alojados. Los mayores beneficios de la revolución se concentran en unos pocos cubanos, principalmente los miembros mejor colocados del gobierno y sus familiares, mientras que los costos recaen en la mayorÃa de la población, en los que se fueron del paÃs, en los que lo subsidian y en la descapitalización de la economÃa, especialmente su infraestructura.
Con la información disponible, aunque fragmentada, parece que ningún otro paÃs ex socialista comenzó su transición en condiciones tan deplorables, con tantos ciudadanos viviendo prácticamente en la indigencia regidos por un gobierno que sólo sabe pedir ayuda externa mientras la economÃa continua descomponiéndose. Sólo el tesón y la organización de los cubanos podrán poner al paÃs en pie una vez más.





























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