"La necesidad se palpa por todas partes'', afirma María Esperanza Aróstegui, quien a raíz del incendio se integró a los grupos de oración y de estudios bíblicos, y a un programa recién creado para iniciar en la espiritualidad a los nuevos miembros de la parroquia.
Otra feligresa, Mabel Cifuentes, que solía ir a misa los domingos a orar ante la Dolorosa --pues perdió a su hijo de 42 años en el 2007-- se sintió desolada al ver que la imagen de su virgen estaba echa cenizas. Ante su ausencia, el apoyo moral, se dijo, tendría que venir de la misma congregación.
"Me acerqué mucho a la iglesia y he recibido mucha fortaleza'', confiesa.
El incendio coincide con el cuadragésimo aniversario de esta comunidad parroquial. Para conmemorar la efeméride, los fieles colocaron 40 ladrillos creando una cruz y situaron flores sobre ella. Además, una delegación peregrinó a Tierra Santa y trajo una roca del Mar de Galilea que formará parte de la futura iglesia.
Y ahora más que nunca se han esmerado por rendir tributo al lema "Uno en la fe''. En vez de dividirse en varias fiestas navideñas como antes, organizaron un festejo único el sábado por la noche, en el que se representó el misterio de la natividad entre platos caseros y aguinaldos.
Los feligreses también elevan una plegaria especial por el nuevo templo durante su liturgia dominical: "Danos ánimos de fuego y entusiasmo inagotable para que las paredes muy pronto se puedan empinar hacia lo alto como signo de ese abrazo compartido''.
Una calamidad que esta congregación sufre se transforma en una magnífica oportunidad para que se manifiesten el amor, la paz, la gracia y la misericordia de Dios.
dshoer@elnuevoherald.com





























Mi Yahoo