Cuba: la utopía errante

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La frenética subversión internacional de Fidel Castro

 
 

El Che Guevara en 1965 en el Congo, donde ayudó a organizar un movimiento guerrillero.
El Che Guevara en 1965 en el Congo, donde ayudó a organizar un movimiento guerrillero.
Archivo MCT

Especial para El Nuevo Herald

Su régimen presentó además un listado de vinculaciones moralmente dudosas: el espadón argentino Carlos Videla; los golpistas brasileños; el panameño Manuel Noriega; Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky; el narcotraficante Pablo Escobar; el prófugo de la justicia Robert Vesco; el asesino de la Rue Marbeuf: Carlos, El Chacal; el tirano ibérico Francisco Franco; los africanos Khadafi, Mengistu Haile Mariam, el cruel y excéntrico ugandés Idi Amín Dada e incluso el emperador caníbal Jean Bedel Bokassa. Asimismo, su vinculación con el narcotráfico, de Sudamérica y de China, se halla documentada en cortes norteamericanas.

En el ámbito del continente americano el castrismo resultó traumático al poner en discusión la vieja prerrogativa intervencionista de la doctrina Monroe americana; aniquilando el reformismo de las "suizas'' del continente (Uruguay, Chile y Costa Rica); polarizando las fuerzas sociales entre los revolucionarios armados y las juntas militares. Castro financió, alentó y entrenó a los grupos terroristas sudamericanos Tupamaros, Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo. Asimismo, personal militar cubano asesoró al movimiento terrorista peruano de Sendero Luminoso y a las FARC de Colombia, a las cuales conectó con el fundamentalismo islámico. También apuntaló al régimen marxista de Maurice Bishop en Granada y en 1987 entrenó e introdujo en Guatemala 2,000 guerrilleros.

Con el ascenso de gobiernos izquierdistas en Latinoamérica a fines de los 1990, las políticas y metas de La Habana en el Medio Oriente cobraron nuevo impulso al ser adoptadas por Hugo Chávez en Venezuela y por Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. El tema dominante cubano con el Medio Oriente fue la formación de alianzas antinorteamericanas que abarcasen todo el globo y la proyección de Chávez como figura internacional, sobre todo en el mundo islámico.

La magnitud y el dinamismo subversivo del castrismo, al convertir a la Gran Antilla en la nación más influyente de Latinoamérica, resultó en extremo suicida para su economía y su pueblo que pagaron un precio exorbitante: la casi extinción de la nación. En palabras del historiador Andrew Conteh "ningún otro país del tamaño de Cuba y pocos con más recursos, pueden igualar la proyección mundial de la política exterior cubana''.

El Nuevo Herald

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