Cuba: la utopía errante

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El renacer de las "sociedades de color"

 

The Miami Herald

Han pasado más de 50 años, pero el autor afrocubano Pedro Pérez Sarduy aún recuerda los bailes.

El y sus amigos vestían con elegancia sus guayaberas blancas de lino y corbatas negras de pajarita para asistir a los bailes que se celebraban en La Bella Unión, un club social en su ciudad natal, Santa Clara, Cuba. En estas matinés, bailaban chachachá y coqueteaban con las muchachas.

"La matiné duraba desde la una hasta las cinco y tocaba una orquesta'', dijo Pérez Sarduy. "Después de la matiné el baile de adultos contaba con una buena orquesta, lo que era importante para el prestigio del club''.

Conocidas en España como sociedades de color, éste y otros clubes similares fueron víctimas del propósito de Fidel Castro, poco después de llegar al poder, de suprimir cualquier aspecto de la sociedad cubana que enfatizara la exclusividad racial. Pero el espíritu y la misión de estas sociedades han renacido durante los últimos años. Y el mismo gobierno revolucionario que en aquella ocasión las condenó, parece acoger su regreso.

En la Cuba anterior a la revolución, donde a los negros y los blancos pobres y sin educación se les negaba el acceso a los buenos trabajos y a los lugares elegantes, los clubes eran centros para alternar y promover el progreso racial del negro. Muchos tenían bibliotecas y ofrecían clases nocturnas e instrucción deportiva.

Pero, por encima de todo, las sociedades aspiraban a disipar la imagen negativa de los negros.

El autor y activista Carlos Moore afirma que los miembros de Amantes del Progreso, un club en su pueblo natal de Lugareño, llegaban al extremo de prohibir los bailes que se consideraban degradantes para los negros.

"No se permitía bailar guaguancó porque los blancos lo consideraban un baile salvaje'', dijo Moore.

Los clubes se organizaban siguiendo el patrón de organizaciones semejantes de otras comunidades, como las españolas y chinas. También coexistían con instituciones reservadas a los blancos acomodados, como el Havana Yacht Club.

Cuba contaba con más de 200 sociedades afrocubanas en 1949. Algunas tenían nombres edificantes, como Unión Fraternal, Progreso o Nueva Era.

La revolución castrista no tardó en forzar la integración abriendo las puertas de los clubes y otras instalaciones privadas a todas las razas y clases socioeconómicas. Al mismo tiempo, desmanteló las sociedades, tanto las de blancos como las de negros, alegando que eran obsoletas en la nueva Cuba, donde no habían barreras de clases y razas. Algunas lograron sobrevivir durante los primeros años de la revolución, pero poco a poco fueron desapareciedo.

Aunque después de 1959 los cubanos negros disfrutaron de oportunidades sin precedentes en la educación y el avance social, al desaparecer las sociedades perdieron ‘‘una posición autónoma en la sociedad y la política cubanas porque que el gobierno tomó el control de todo'', dijo Frank Guridy, profesor de Historia de la Universidad de Texas.

El gobierno cubano no sólo privó a los negros de una plataforma para expresar sus quejas, sino también borraron una parte importante de su herencia.

"También se perdió la historia cultural de los cubanos negros'', añadió Guridy. ‘‘Las manifestaciones folclóricas son bien conocidas. Pero las generaciones jóvenes no tienen idea que estos clubes existían''.

En la euforia que siguió al derrocamiento de Fulgencio Batista, muchos negros apoyaron la eliminación de las sociedades a cambio de la promesa de un futuro mejor, dijo Alejandro de la Fuente, autor de Race, Inequality and Politics in 20th Century Cuba (La raza, la desigualdad y la política en la Cuba del siglo XX) y profesor de Historia en la Universidad de Pittsburgh.

El Nuevo Herald

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