Miami era entonces un foco de febriles conspiraciones antibatistianas. El presidente Carlos Prío Socarrás, depuesto por Batista, vivía en la ciudad.
Huguet, ya graduado de arquitecto, vivía en las habitaciones del hotel Tradewinds, de Miami Beach, donde se fraguaban toda clase de operaciones de sabotaje a la dictadura y de apoyo al creciente movimiento insurreccional de la isla.
Alrededor de noviembre de 1958, Fleites, quien tenía el cargo de secretario del Frente Cívico Revolucionario del II Frente del Escambray, al mando de Eloy Gutiérrez Menoyo, logró salir clandestinamente de Cuba por vía marítima hacia el sur de la Florida con una misión política y otra militar.
La política, recuerda Fleites, consistía en convencer a Prío de que regresara a Cuba para crear un gobierno constitucional de desafío a la dictadura de Batista en las montañas del Escambray y que a su vez le hiciera contrapeso a las ambiciones de Castro.
"No queríamos una fuerza hegemónica en la revolución, estábamos por la tesis del equilibrio de fuerzas'', explicó Fleites en una entrevista en su consultorio de La Pequeña Habana.
La misión militar de Fleites era llevar armas para el frente en el que algunos de los combatientes entrenaban con fusiles de madera.
Según Huguet, el piloto escogido para transportar a Prío fue Hughes. Con $5,000 que le entregó Huguet, el aviador compró el B-26, un avión que llevaba dos años sin volar.
A pesar de la oposición de la familia, Prío prometió que cumpliría con la propuesta de los jóvenes revolucionarios en enero del año siguiente, según Huguet y Fleites, pero los acontecimientos en Cuba se desarrollaron a una velocidad no prevista, y el plan quedó frustrado cuando Batista abandonó la isla el 31 de diciembre.
No está muy claro si se trataba del mismo plan que Max Lesnick, quien entonces era jefe de propaganda de la retaguardia del II Frente Nacional del Escambray, explicó a El Nuevo Herald. Según Lesnick, la propuesta de llevar clandestinamente a Prío a Cuba fue una iniciativa suya que surgió porque "lo único que le faltaba a la lucha contra Batista era una legalidad constitucional''.
Lesnick aclaró, sin embargo, que no se trataba de cerrarle el paso a Castro sino de ofrecerle que ocupara el cargo de primer ministro una vez triunfara la revolución.
Prío sería albergado y protegido en la finca El Mamey, en Manicaragua, provincia de Villa Clara, que contaba con una casa muy comoda, teléfono y una pista aérea cercana, explicó Lesnick.
Al desmoronarse el plan, recuerda Huguet, sus compañeros de grupo decidieron viajar a Cuba a dar el último aliento a la revolución y reconstruir el país.
Vestidos de paisanos y con algunas armas, los cuatro salieron en el vetusto bombardero desde el aeropuerto internacional de Miami.
Mientras Hughes luchaba con los mandos para mantener el brioso aparato en el aire, una de las ventanillas de la cabina salió disparada y cayó en la pista de carreras de perros del noroeste de Miami.
Las compuertas del desocupado depósito de bombas, se abrían y se cerraban en pleno vuelo, y dice Huguet que de milagro Fleites no cayó al vacío cuando gateaba en dirección a la cabina de mando desde la torreta trasera del avión.
A muy baja altura, Hughes ingresó en territorio cubano e intentó aterrizar en la carretera Circuito Sur, entre Cienfuegos y Trinidad, pero minutos antes abortó la operación presintiendo que el avión podría desbaratarse. Luego hizo una aproximación en el aeropuerto de Trinidad, donde finalmente aterrizó en medio de la balacera.




























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