Con las manos en sus pistolas, Ernesto Che Guevara y William Morgan -- dos líderes rebeldes -- se miraban irritados en un terreno yermo en el macizo montañoso central de Cuba.
Durante el tenso momento aquel otoño hace 50 años, los dos esperaron a que otro hiciera un gesto, con la revolución en juego.
Intercambiaron palabras duras pero al final concordaron en seguir luchando contra su enemigo común: el régimen de Fulgencio Batista.
Ambos dirigieron unidades durante las últimas semanas de la revolución. Los dos capturaron ciudades grandes. A los dos los recibieron como héroes.
Pero mientras a Guevara lo recuerdan en Cuba como una gran figura, Morgan ha sido en gran medida olvidado: un temperamental paracaidista enterrado en La Habana.
Antiguos rebeldes que lucharon con Morgan dicen que nunca se ha reconocido su papel en la revolución.
"Fue un soldado'', dijo Enrique Encinosa, comentarista radial de Miami que ha escrito seis libros sobre Cuba. "Era duro. Era disciplinado. Era capaz de enseñar a la gente a combatir''.
En una crucial campaña durante las dos últimas semanas de la lucha revolucionaria, Morgan y sus hombres atacaron una fortaleza que guardaba la carretera a Cienfuegos, tres días antes de Navidad, obligando a los soldados a rendirse.
La medida no sólo le permitió capturar la ciudad sino que abrió la zona a las guerrillas, cortando las líneas de abastecimiento del gobierno y marcando el principio del fin para el ejército de Batista, afirman los historiadores.
Tres años después, el comandante yanqui, como le decían, encontró su fin al desafiar al gobierno revolucionario de Fidel Castro.
Acusado de llevar armas a rebeldes anticastristas, Morgan fue fusilado en 1961 y enterrado en el Cementerio de Colón, en La Habana.
Cinco décadas más tarde, su papel en la historia de Cuba resurge, en parte debido a una poco común solicitud de su familia para que devuelvan sus restos a Estados Unidos.
Durante los últimos 18 meses, la viuda de Morgan y su abogado han negociado discretamente con los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, mientras antiguos compañeros de armas que viven en Miami han recaudado dinero para garantizar que no sea olvidado.
Se espera que parte de los fondos financien el regreso de los restos de Morgan, si ambos gobiernos aceptan la solicitud, dijo George Castellón, que ha ayudado a recaudar $2,500.
"Desde hace mucho tiempo la gente sólo recuerda al Che Guevara'', dijo Castellón. ‘‘El Che esto y el Che lo otro. Pero se han olvidado de Morgan''.
Morgan fue una pintoresca figura que jugó un papel muyimportante entre los rebeldes de las montañas del Escambray.
Era un tipo duro vinculado con el hampa y su llegada a Cuba comenzó al estilo de la Guerra Fría: llevándole armas a los rebeldes de Castro, posiblemente por encargo del mafioso estadounidense Meyer Lansky, según entrevistas y documentos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).
Aunque el trasiego de armas era sólo por dinero, Morgan dijo que se había sumado a la causa revolucionaria después que un compañero contrabandista murió a manos de las fuerzas de Batista en 1957.
Nadie ha podido confirmar esa versión, pero Morgan se presentó ese año en el Escambray y posteriormente lanzó una serie de asaltos que sacaron a los soldados de Batista de las montañas. Tatuado y con un español deficiente, el bronceado estadounidense era una curiosidad para los rebeldes en las montañas del Escambray.




























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