Cuando más de 100 hombres de Castro llegaron en noviembre, Morgan y sus rebeldes los rodearon y les quitaron las armas, según entrevistas y narraciones publicadas.
Poco después apareció Guevara, furioso.
"Estaba humillado porque las guerrillas entrenadas por Morgan habían desarmado a sus hombres'', escribieron Brown y Mallin.
Durante un momento, los dos líderes rebeldes -- Morgan y Guevara -- se negaron a ceder. González, que posteriormente habló con otros rebeldes que presenciaron el incidente, dijo que Morgan desafió a Guevara a un duelo.
"Uno de los papeles más importantes de Morgan era definir nuestra posición'', dijo González.
Ninguno se decidió a disparar y poco después ambos bajaron sus armas, dijo Gutiérrez Menoyo. Con la revolución en juego, los dos aceptaron dejar de lado sus diferencias y coordinar sus esfuerzos.
Durante las próximas semanas, los dos grupos lanzaron ataques en toda la zona central de la isla en un asalto final contra los soldados de Batista.
El 22 de diciembre de 1958 la columna de Morgan asaltó una zona fortificada que protegía a Cienfuegos, lo que interrumpió el suministro de alimentos y municiones a una fortaleza del gobierno, y lograron que los soldados se rindieran tras un combate.
Nueve días después, Guevara y sus hombres -- tras varios enfrentamientos -- tomaron la ciudad de Santa Clara, capital de la provincia, haciendo que Batista huyera.
Aunque los grupos rebeldes se reunieron en La Habana para celebrar, Morgan y Guevara no se reconciliaron nunca, dicen los que los conocieron.
"El Che odiaba a Morgan'', recuerda Castellón.
En realidad, volvieron a enfrentarse cuando Guevara insistió en que los dirigentes del Segundo Frente entregaran el mando.
"Aquello se puso muy feo'', recuerda Gutiérrez Menoyo en una entrevista en el 2002. Teníamos las manos en las armas''.
A Morgan se le permitió mantener su grado en el ejército revolucionario, pero ni a Morgan ni a Menoyo les dieron cargos importantes en el nuevo gobierno.
Furioso por el viraje de Castro hacia el comunismo, Morgan rompió con el gobierno en 1960 y empezó a llevar armas a un nuevo frente rebelde en el Escambray, lo que llevó a su arresto.
Juzgado y convicto en un tribunal militar, lo fusilaron el 11 de marzo de 1961 junto con el también jefe guerrillero Jesús Carrera.
Desde entonces su imagen ha sido eclipsada por el tiempo y lo sucedido durante la Guerra Fría. Pero, para quienes lucharon a su lado en el Escambray, todavía es una figura intrigante de la revolución.
"Era un tipo duro que luchó durante la mayor parte de su vida'', dijo Encinosa. "Se buscó problemas con las fuerzas armadas y la justicia. Pero se fue a Cuba y encontró una causa. Encontró algo en qué creer y murió por eso. Con su muerte se convirtió en alguien que no había sido nunca''.




























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