Natasha vino al mundo el 19 de agosto de 1927 en momentos en que su padre arreciaba febrilmente el activismo político. La situación se hizo insostenible en el pequeño apartamento que la pareja compartía, pues Mella le permitía pernoctar allí a muchos de sus seguidores procedentes de otros países latinoamericanos. Por entonces la recién nacida dormía en la tapa de una maleta.
"Mi abuelo Nicanor se enteró del nacimiento y mandó de regalo un dinero que mi madre quiso utilizar para comprar una cuna, pero mi padre se opuso pues quería destinarlo a editar una publicación'', dice Natasha. "Mi madre montaba en cólera con este cuento, porque cada vez que me lo hacía, yo le daba la razón a mi padre con el argumento de que una recién nacida no sabe si duerme en una cuna o en una maleta, y que la revista era un proyecto más importante en ese momento... Entonces ella me decía: ‘¡Eres igualita a tu padre!' ''.
En octubre de 1927 Oliva regresó con Natasha a la casa de sus padres en Cuba, buscando condiciones más favorables para la crianza de la niña. El panorama quedó despejado para que Mella se enrolara en una apasionada relación de cuatro meses con la fotógrafa italiana Tina Modotti, autora de los mejores retratos del líder comunista.
Natasha no tiene ninguna duda de que Modotti fue una enviada del Kremlin con el propósito de espiar a Mella por sus estrategias de lucha nada ortodoxas y sus divergencias con los dictados de la Internacional Comunista. Pero al asumir esa misión, ‘‘no calculó que iba a enamorarse de él''.
"Los comunistas y ciertos libros la presentan como ‘la compañera de Mella', cuando en verdad fue sólo una aventura que concluyó dramáticamente con la muerte de mi padre'', explica. "En las confesiones de Modotti, al final de su vida, está explícito que se arrepiente de haberlo traicionado''.
Según Natasha, los intereses del agente machadista José Magriñat y Modotti confluyeron en un mismo punto, por lo que "hay que verlos a ambos como responsables del asesinato de Mella, es decir, tanto a Machado como al comunismo internacional''.
El caso de Mella fue reabierto en 1931 a petición de su viuda Oliva, con el respaldo del senador cubano exiliado Aurelio Alvarez. El proceso judicial evidenció que Magriñat había tramado el asesinado en complicidad con dos sicarios a sueldo, José Agustín López Valiñas y Arturo Sarabia.
"De mi padre tengo mucho orgullo pues fue un hombre idealista que alcanzó la posición más alta a la que puede llegar una persona en la historia, que es la de mártir'', reflexiona. "Aunque no tuve un apego personal hacia su persona, sí tengo una obligación moral con su legado. Debe entenderse que en esa época el comunismo acababa de surgir en el mundo tras derrotar al zarismo ruso y él lo vio como la representación de un nuevo poder. Por eso justifico a mi padre, aunque ni mi pensamiento ni mi persona tengan nada que ver con el comunismo''.
Delirios de poder
Fue un amigo y contemporáneo de Mella, Leonardo Fernández Sánchez, quien más ayudó a
Natasha a conocer la personalidad de su padre: "Todas las tardes venía a mi casa en el
Vedado y se le aguaban los ojos hablándome de Mella''.
Fernández Sánchez y Eduardo Chibás lograron convencerla para que se incorporara al Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) cuando ella apenas contaba 17 años. Natasha fue nombrada a la vicepresidencia del Consejo Director Nacional, cuyo presidente era Emilio ‘‘Millo'' Ochoa.





























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