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Hallan una histórica obra del pintor Mario Carreño

 
 

<i>Fuego en el batey</i> (arriba) (1943) es un histórico óleo sobre madera del artista cubano Mario Carreño (1913-1999),
que estuvo desaparecido durante 66 años.
Fuego en el batey (arriba) (1943) es un histórico óleo sobre madera del artista cubano Mario Carreño (1913-1999), que estuvo desaparecido durante 66 años.
Cortesía de CHRISTIE'S IMAGES LTD

Especial para El Nuevo Herald

Un histórico óleo sobre madera que estuvo desaparecido durante 66 años, Fuego en el batey (1943), del artista cubano Mario Carreño (1913-1999), constituirá una de las grandes apuestas de la subasta de Arte Latinoamericano de Christie's que tendrá lugar el próximo mes en Nueva York.

En la subasta del pasado mayo, que superó con creces las expectativas de ventas, la pieza sobre papel de Carreño, Fuera del batey, también de 1943, estableció un récord para este medio al ser subastada en $541,000. Pero esa cifra puede ser por lo menos cuadruplicada por el cuadro recién hallado, una obra de gran formato en duco y óleo sobre madera que es la parte perdida de un valioso tríptico, y sobre cuya ubicación ni siquiera el mismo artista tuvo alguna vez noticia.

Fuego en el batey saldrá en efecto a subasta con un estimado máximo de $2,000,000, que puede llegar a ser superado en la puja, como sucedió en el 2007, cuando otra parte del famoso tríptico, Danza afrocubana --obra que salió a subasta con un estimado máximo de $800,000-- fue adquirida por el galerista Ramón Cernuda, quien pagó a Sotheby's un precio récord de $2,616,000. El otro cuadro componente de la tríada, que en palabras del mismo Carreño estaba compuesta por "paneles de madera, transportables, como cuadros grandes de dimensiones comparables a murales'', era Corte de caña, obra también muy conocida que se vendió en Christie`s en los años 90 y que nunca estuvo perdida.

En el 2007, cuando la directora de Sotheby's, Carmen Melián, calificó Danza afrocubana de "Santo Grial de la historia del arte cubano'', el crítico José Ramón Alonso Lorea matizó su consideración precisando que esa obra era parte de "una serie de cuadros de igual proporción, técnica, soporte y calidad plástica, inicialmente expuestos en conjunto, muy bien favorecidos por la crítica del momento'', y que estaban desde hacía mucho en paradero desconocido. Su conclusión era que el éxito de venta de este duco iba a provocar una nueva búsqueda del Grial. Es decir, el apremio por hallar la pieza faltante de la tríada.

Entre los factores extraordinarios que rodearon su inesperado hallazgo --conocido de manera exclusiva por El Nuevo Herald-- está el hecho de que sus poseedores, los hermanos Ken y Marc Ward, desconocían la procedencia y la importancia de esta pieza heredada de sus padres, quienes la adquirieron posiblemente antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de otras obras perdidas de famosos artistas latinoamericanos, Fuego estuvo guardada en el mismo sitio, no en una distante ciudad, sino a pocos kilómetros de la sede central de la casa de subastas en Nueva York. Era la casa en Long Island de Nona y Milton Ward, una violinista y un escritor que trabajaban en una fundación de recaudo de fondos para causas de la comunidad judía.

"Para muchos historiadores del arte cubano --dice Virgilio Garza, director del departamento de Arte Latinoamericano de Christie's y feliz responsable del hallazgo de esta obra- Fuego en el batey es un mito''. Forma parte del conjunto de obras más apreciadas en la actualidad de Carreño pues constituyen piezas cumbres del arte correlacionado con la identidad cubana y con el desarrollo del modernismo en Cuba que tuvo lugar entre fines de los años 30 e inicios de los 40. El tríptico es parte de una serie de 15 obras que Carreño realizó en 1943, cuando decidió experimentar con esos materiales industriales como el duco que utilizaba entonces Alfaro Siqueiros, quien hizo dos murales en una residencia en La Habana auspiciada por María Luisa Gómez Peña, esposa de Carreño. El artista declaró entonces que "aprovechando la gruesa textura producida por el duco'', había logrado enfatizar una tercera dimensión e "insinuar algo de movimiento en los gestos de los personajes''.

El Nuevo Herald

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