Aunque el cuadro nunca se publicó a color, según Garza, "aparece en catálogo prologado por José Gómez Sicre y se exhibió en la galería del Prado de La Habana''. En todo caso, se ignoraba si se había perdido definitivamente. El día de febrero en que Ken Ward --financista que trabaja en Manhattan a pocas cuadras de Christie's-- llamó a Garza y le comentó que entre las pertenencias de su madre, recién fallecida, había un cuadro sobre madera firmado por un Carreño con la figura central de un caballo, intuyó que podía tratarse de la pieza perdida. Esa misma tarde se trasladó a la vieja casa de Long Island. En cuanto vio el cuadro que había permanecido en la misma pared rodeado de un mobiliario típico de mediados del siglo pasado, supo que estaba ante los raros momentos de un auténtico descubrimiento. "En este mundo del arte raras veces te encuentras una obra excepcional: esta lo era. El bastidor de madera correspondía exactamente a las otras dos partes del tríptico'', evoca Garza. Había hallado la pieza faltante. El Grial estaba completo.
Al recorrer la casa de los Ward, Garza descubrió otras piezas de menor formato del mismo Carreño que también saldrán a subasta: un óleo de 1938, estimado en $50,000 - 70,000, un gouache sobre papel de 1945 con una mujer con flores, estimado en $30,000-$40,000. Adicionalmente apareció también una obra --también en gouache- de René Portocarrero, ejecutada en 1945, que saldrá a subasta con un estimado entre $25,000 y- 30,000. Pero sin duda, el gran descubrimiento es Fuego en el batey, que pudo haber sido vendida por la galería Perls. "Este cuadro que permaneció en la oscuridad por tanto tiempo es una verdadera gloria del arte cubano'', asegura Garza.



























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