Daniel Shoer Roth

Con la vara que mides...

 
 

EL PADRE Alberto Cutié aparece en esta fotografía de 
archivo de octubre de 1999 pronunciando un sermón.
EL PADRE Alberto Cutié aparece en esta fotografía de archivo de octubre de 1999 pronunciando un sermón.
AP

Una persona espiritual huye de las cámaras y la fama, porque el ego es la antítesis del espíritu. Por lo tanto, nadie que es verdaderamente espiritual lo anda pregonando.

Es obvio que todos somos presas de la superficialidad, e inevitablemente nos dejamos conquistar, algunos menos, otros más, como el padre Alberto Cutié, que ha figurado hasta en la revista Vanity Fair, la biblia de la vanidad.

Por eso no entiendo cuál es el escándalo de que él aparezca acurrucadito con una mujer en unas fotos, o ¿es que alguien, después de haberlo visto hasta en la sopa, sediento de figuración, había creído que él era 100 por ciento humilde?

Para ser un sacerdote católico, se le veía con demasiada frecuencia en los sitios fashion, en las veladas exóticas de la aristocracia miamense y en los restaurantes de haute cuisine. Desconozco si parte de su misión era evangelizar ese terreno tan distante de la espiritualidad, o si simplemente Cutié, como casi todos los mortales, no podía esconder su fascinación por las candilejas y la farándula Cutié no es Monseñor Emilio Vallina ni Monseñor Agustín Román, dos respetados líderes de la Iglesia Católica en el sur de la Florida. Es un personaje público que le ha sabido dar, con entrega y devoción religiosa, ton y son a nuestra comunidad adicta a la belleza física, de la que él está dotado, y al artificial mundo de las celebridades que él bien conoce.

Por eso merece enamorarse y casarse si le nace, y lo aplaudo por ser valiente y no esconder su deseo, ahora que ya está fuera del clóset -- de la Iglesia.

Todos tenemos derecho a equivocarnos, a cambiar de intereses, a evolucionar en nuestra visión del mundo, a rebelarnos ante nuestras propias creencias. Y nadie debiera juzgarnos porque para eso fuimos creados con libre albedrío.

El problema con Cutié es que se erigió en el rostro de la moralidad entre los hispanos católicos, y al exponerse a la vida pública se somete a un escrutinio severo. Además, emitió juicios de valores a diestra y siniestra. Por algo lo dice el refrán: "Con la vara que midas, serás medido''.

Siempre leí con incomodidad sus comentarios con respecto al tema gay, por razones personales.

Un ejemplo fue su consejo, en una columna del 23 de mayo del 2005 en El Nuevo Herald, a una madre que estaba "sumida en la tristeza'' por tener un hijo homosexual de 16 años.

"Si está viviendo una vida inmoral, por su actividad sexual, trata de orientarlo a seguir el camino del bien'', le escribió Cutié.

No obstante, dos años después, la Alianza Gay y Lésbica Contra la Discriminación lo nominó a un premio para columnista de consejos, ya que había escrito ". . .que todos somos hijos de Dios y nos debemos tratar con respeto y comprensión''.

En otra respuesta a la carta de una viuda de 48 años, que pedía consejos sobre su relación con un hombre divorciado, el 14 de octubre del 2007, Cutié le recordó la obligación que tenía de ‘‘vivir como Dios manda'', y enfatizó que, "muchas personas, por ser mayores, piensan equivocadamente que las exigencias morales ya no se aplican a ellos -- y no es así''.

Muchos se preguntan si él estará pensando ahora en la utilidad de sus consejos o si será capaz de beber de la misma medicina que recetó a otros.

En momentos tan perturbadores, un hombre de fe se refugia en la fe y en el recogimiento personal. En cambio él, en toda su carrera, jamás ha recibido tanta publicidad y reconocimiento como ahora: CNN, The New York Times. . .

¿Sacrificios de su misión cristiana?

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