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Escritores cubanos descartan exilio y narran dura realidad

 

LA HABANA

La escritora cubana Wendy Guerra tiene con 38 años y dos novelas una obra literaria en franco ascenso, salvo en su país donde sus libros, que abordan duras realidades cotidianas de los cubanos, no son publicados pero circulan al menos de mano en mano.

Pero esta habanera no contempla por ahora tomar el camino del exilio como lo han hecho muchos de sus compatriotas, escritores o no, como lo reseña su novela Todos se van.

"No me quiero ir de aquí. Quiero a mi país. Mis novelas serán sin duda publicadas en Cuba cuando ya no tengan actualidad'', como ocurrió por ejemplo y sin pretender compararse, con las obras de dos eminentes escritores ya fallecidos, José Lezama Lima o Virgilio Piñera, cuenta en su apartamento en el barrio de Miramar, oeste de La Habana.

Lezama y Piñera destacan en un grupo de intelectuales censurados y marginados en los años 60 y 70 por "problemas ideológicos'' o ser homosexuales, aunque no dejaron la isla como lo hicieron escritores como Reinaldo Arenas, Zoe Valdés, Jesús Díaz, Heberto Padilla y Norberto Fuentes, muy críticos hacia el gobierno cubano y Fidel Castro.

Todos se van, la primera novela de Guerra publicada en 2006, narra bajo la forma de un diario íntimo el duro recorrido de la pequeña Nieve en una sociedad en ‘‘hibernación'' que casi todos, de una forma u otra, terminan abandonando.

"Parece que Todos se van se ha convertido en una suerte de libro de culto en Cuba'' donde circula clandestinamente -fotocopiado-, afirma con satisfacción Guerra, una ex actriz cuyos poemas sí fueron publicados en la isla comunista.

Su segunda novela, Nunca fui primera dama, que relata la historia de tres generaciones de cubanas, se publicará el próximo mes en Francia.

Al contrario de Guerra, el escritor Leonardo Padura, de 53 años, puede vanagloriarse de ser publicado con éxito tanto en el exterior como en Cuba, donde sus novelas son consideradas "best-sellers'' con tirajes de hasta 20,000 ejemplares.

"Odio la política. No quiero que mis libros sean una tribuna. Lo que me interesa es describir una realidad social, como la corrupción, el exilio o la marginalidad. Por ejemplo, en Pasado perfecto el delincuente central de la novela es un viceministro'', afirma Padura, autor de ocho novelas y de ensayos.

Actualmente da los últimos toques a El hombre que amaba a los perros, un relato esperado en septiembre en España, y a principios de 2010 en Francia, "sobre el asesinato de Trotsky por Ramón Mercader, quien pasó los últimos cuatro años de su vida en La Habana''.

"Lo que me interesa con ese libro es ver cómo la gran utopía del siglo XX desapareció'', dice este hombre de rostro bronceado y barba entrecana, a quien le cambió radicalmente la "visión del mundo'' la caída de la Unión Soviética en 1991, que sumió a Cuba en una profunda crisis económica.

Aún cuando las esperanzas de cambios suscitadas por la llegada de Raúl Castro al poder en julio de 2006 "cayeron'' y volvió el "desencanto'', según opina, por nada del mundo quiere dejar su país, "personaje principal'' de sus novelas.

Asegura no haber tenido nunca problemas en Cuba como escritor. "Solo como periodista'', confiesa, agregando que los medios cubanos "no existen para describir la realidad o alimentar la reflexión social'', sino para ser instrumentos de "propaganda''.

Guerra también rechaza la política, pero es difícil escapar de ella, sobre todo en Cuba. "Todo es política. Para escapar de la política, hay que salir de Cuba decía mi madre'', una periodista "hippie'' ya fallecida, afirma.

Acusada con frecuencia en el exterior de restringir la libertad de expresión, Cuba es "una tierra rodeada de agua y de silencio'', resume la escritora, con una sonrisa.

El Nuevo Herald

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