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El éxodo de 14,048 menores cubanos

 

lyanez@MiamiHerald.com

"Fue la primera cara que vi cuando salí del avión. Recuerdo que me dijo: ‘Mi nombre es George' ''. Yo no sabía si era cubano o americano. Nos llevó en su camioneta deportiva al campamento de Kendall; era muy cariñoso con los muchachos que estaban un poco choqueados'', dijo Angones, quien recuerda que durante semanas se dormía llorando en el campamento de Kendall.

"Extrañaba mucho a mis padres'', dijo. Recuerda que los llamaba por teléfono. "Les decía que se apuraran y vinieran pronto''.

Angones tuvo suerte. Cuatro meses después se había reunido con sus padres.

Pero la espera fue más prolongada para muchos otros cuyos padres quedaron atrapados en las tensiones políticas entre Cuba y Estados Unidos, como la invasión de Bahía de Cochinos en 19661 y la Crisis de los Misiles de 1962.

Para entonces se habían suspendido los viajes entre los dos países. Muchos padres, como los del senador Mel Martínez no pudieron salir hasta el comienzo de los Vuelos de de la Libertad, aprobados por el presidente Lyndon Johnson en 1965.

Los padres de Juan Pujol nunca pudieron salir de Matanzas. Lo enviaron solo a los 16 años.

"Por razones familiares --mi hermano estaba en edad del servicio militar obligatorio y mi abuela era muy anciana-- mis padres se quedaron. No los volví a ver hasta 1979, 17 años después de mi llegada aquí'', dijo Pujol, comerciante de Miami Beach, que regresó a Cuba en una breve visita para ver a su familia.

LAS SEMILLAS DE PEDRO PAN

Las semillas de la Operación Pedro Pan se comenzaron a sembrar poco después de la revolución de 1959.

En la primavera de 1960 Castro anunció el cierre de las escuelas secundarias y la apertura de "campamentos juveniles'' en el campo donde los niños aprenderían a trabajar la tierra y adoptar un estilo de vida revolucionario.

A los mejores y más brillantes les daban becas para estudiar en la Unión Soviética, el nuevo aliado de Castro. En un discurso que resultó escalofriante para muchos padres cubanos, Castro anunció que "... terminaría el año escolar y movilizaría a todos los estudiantes del sexto grado en adelante a escuelas revolucionarias en el campo''.

Para muchos padres, era evidente que el adoctrinamiento estaba penetrando en las escuelas públicas, privadas y religiosas de la isla.

Fue por eso que muchos cubanos de clase media y alta que se oponían a Castro empezaron a buscar la forma de sacar a sus hijos de la isla.

"La idea de mis padres era enviarnos a Estados Unidos hasta que todo esto pasara. Por aquel entonces nadie pensaba que Castro fuera a durar tanto'', dijo Echazábal. ‘‘Mandarnos a Estados Unidos era sólo algo temporal para alejarnos de lo que sucedía en Cuba''.

PLAN SECRETO

Algunos padres se acercaron a James Baker, director de la Academia Ruston, una escuela estadounidense en La Habana.

Se elaboró un plan secreto en el que participaban Baker, un sacerdote de Miami y el gobierno de Estados Unidos.

En diciembre de 1960, Baker viajó a Miami y se reunió con la Cámara de Comercio Americana en La Habana, tratando de asegurar fondos para unos 200 niños cuyos padres querían sacarlos de Cuba.

Se reunió también con Monseñor Bryan O. Walsh, entonces director de la Oficina Católica de Bienestar Social de la Arquidiócesis de Miami, para discutir el cuidado de los menores que viajarían sin acompañantes.

Walsh viajó a Washington para reunirse con altos funcionarios, quienes concibieron un plan sin precedentes para permitir a Walsh que firmara exenciones de visado para los niños cubanos.

El Nuevo Herald

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