Las exenciones firmadas se distribuirÃan por toda la isla a través de la embajada
estadounidense a los padres que quisieran sacar a sus hijos del paÃs. Pero la operación tenÃa que mantenerse en secreto para protegerse del potencial arresto de los servicios cubanos de inteligencia.
Un comité de miembros de la Cámara de Comercio Americana en La Habana y un grupo de cubanos recaudaron fondos para pagar los boletos de La Habana a Miami para los menores. En una medida sin precedentes, el gobierno federal asignó aproximadamente $100 al mes a cada niño cubano.
Y la Oficina Católica de Bienestar Social asumió la responsabilidad de cuidar de los menores hasta que pudieran reunirse con sus padres.
LOS PRIMEROS NIÑOS
Sixto y Vivian Aquino fueron los dos primeros menores cubanos no acompañados que llegaron a Estados Unidos, según los archivos de la Operación Pedro Pan.
"Recuerdo que me recibieron en el aeropuerto y que nos trataron muy bien'', dijo Sixto Aquino, en la actualidad banquero en Washington.
Decenas de niños más llegaron en las semanas siguientes. Pero entonces la operación se detuvo repentinamente.
A principios de enero de 1961, el presidente Dwight D. Eisenhower rompió relaciones
diplomáticas con Cuba y la Operación Pedro Pan enfrentó el nuevo problema de cómo conseguir visas para los niños al no existir una embajada de Estados Unidos en La Habana.
Walsh contó en entrevistas poco antes de fallecer que habÃa pensado que la operación habÃa concluido después de apenas un mes. "Fue un intento hermoso'', dijo.
Pero en ese momento la operación se convirtió en un esfuerzo mucho más amplio y significativo a medida que comenzaron a ocurrir cambios en Cuba.
Walsh dijo que tres factores alimentaron el pánico: los niños que regresaban de la escuela al campo, que el gobierno hizo obligatorio, dijeron que les estaban inculcando una ideologÃa de izquierda y que los estaban obligando a entrar en la Unión de Pioneros de Cuba, una organización comunista. Además, tenÃan que ponerse uniformes y les dijeron que alertaran a las autoridades si sus padres no eran verdaderos revolucionarios.
ADOCTRINAMIENTO
Muchos padres vieron estas medidas como un intento del gobierno para adoctrinar a sus hijos.
La ansiedad aumentó por el arresto de más de 200,000 personas que las autoridades consideraban leales al régimen de Fulgencio Batista o que se habÃan puesto en contra de la revolución a la que antes habÃan apoyado.
El gobierno nacionalizó todas las escuelas privadas y en septiembre expulsó a la mayorÃa de los sacerdotes y monjas. Para fines del año, 800 estudiantes cubanos tomaban clases en paÃses de la órbita soviética.
La escuela católica de Echazábal fue una de las que cerraron.
"Recuerdo el dÃa que los milicianos vinieron a la escuela y dijeron a las monjas lo que tenÃan que enseñar, lo que la revolución les exigÃa'', dijo. "En su lugar, las monjas decidieron cerrar la escuela y regresar a su sede en México''.
En medio de la alarma por el control gubernamental de la educación, comenzaron a rodar rumores de que el gobierno iba a imponer la llamada patria potestad, arrebatando a los padres el derecho a determinar el futuro de sus hijos.
Los padres vieron la escuela en el campo, la campaña de alfabetización, el cierre de las escuelas privadas, las becas para estudiar en Europa Oriental y la posible pérdida del control de sus hijos como un llamado para enviarlos a estudiar a Estados Unidos.
"Creo que muchos padres dijeron: ‘Tenemos que sacar a nuestros hijos de aquÃ' '', dijo Walsh en una entrevista años después.
De modo que la Operación Pedro Pan, cuyo nombre fue acuñado por Gene Miller, periodista ya fallecido de The Miami Herald y ganador del premio Pulitzer, comenzó a funcionar en toda la isla.
UN SECRETO A VOCES
Aunque la operación se consideraba secreta en Estados Unidos, en Cuba muchos padres de clase media sabÃan que podÃan contactar a sacerdotes, maestros y trabajadores de las escuelas estadounidenses como la Academia Ruston para conseguir exenciones de visa.
Irónicamente, el nombre de la misión ilustra lo contrario de lo que sucedió a muchos de los que llegaron a Estados Unidos sin sus padres.
"Cuando me subà al avión en Cuba era un niño'', dijo Angones. "Cuando aterricé en Miami era mucho más adulto de lo que debiera ser ningún niño''.



























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