NOMBRE: EloÃsa Echázabal
FECHA DE LLEGADA: 6 de septiembre de 1961
EDAD: 13 años
Durante sus nueve meses como niña Pedro Pan, separada de sus padres, EloÃsa Echazábal acumuló pocos recuerdos agradables: el tiempo que pasó en un campamento rústico, los meses en un orfelinato de Buffalo, Nueva York, y su colocación final en un hogar de custodia temporal donde no se sintió bien acogida.
"Cuando mis padres llegaron a Estados Unidos y nos reunimos en Miami, les dije que no querÃa hablar más de ese tiempo, ¡nunca más!'', dijo Echazábal, de 61 años, vecina del oeste de Miami-Dade.
Ahora tiene una perspectiva diferente de la experiencia que cambió drásticamente su vida. Como miembro activa del Grupo Operación Pedro Pan, Echazábal está decidida a recoger y preservar la historia del famoso éxodo que separó de sus padres a 14,048 niños cubanos y los trajo --solos-- a EEUU.
"Si nosotros no preservamos nuestros recuerdos y papeles, ¿quién lo va a hacer?", dijo de los Pedro Pan, muchos de ellos ya en sus cincuenta y tantos o sesenta y tantos años.
Echazábal tenÃa 13 años cuando sus padres les dijeron a ella y a su hermana Teresita, de 8, que ellas iban a ir a estudiar a EEUU temporalmente. Echazábal tiene dos recuerdos precisos del dÃa en que salió de Cuba, el 6 de septiembre de 1961: cuando le dijeron que tenÃa que cuidar a su hermana, y cuando su madre la ayudó a ponerse por primera vez medias largas de seda, y no medias de niña a media pantorrilla.
"Yo creo que ella lo hizo para que me diera cuenta de que ahora tenÃa que comportarme como una adulta'', rememora Echazábal. Tomadas de la mano, con los ojos muy abiertos, las hermanas bajaron del avión y fueron recibidas por el empleado de la Oficina de Bienestar Social Católico Jorge "George'' Guarch, quien las llevó al campamento de Kendall.
El campamento estaba lleno de otros niños cubanos que habÃan hecho el mismo viaje.
DormÃan en literas y comÃan juntos mientras esperaban ser adoptados temporalmente por familias o llevados a otros centros católicos en distintos lugares del paÃs.
Una semana después, les dijeron a las niñas que irÃan a la escuela en Buffalo, Nueva York. La escuela resultó ser un orfanato administrado por monjas polacas, Immmaculate Heart of Mary Home, que ya no existe.
Estuvieron allà unos dos meses, junto con otras dos hermanas cubanas, Haydée y Aleida Mestre, de 10 y 7 años, respectivamente. "Gracias a Dios habÃa otras niñas cubanas allà que nos hicieran compañÃa'', dijo Echazábal.
La vida en el orfelinato fue difÃcil.
Un dÃa, les dijeron a las pequeñas Echazábal que las colocarÃan en casa de una pareja, que tenÃa una hija de 10 años. "Las cosas no fueron bien; habÃa tensiones entre la niña y nosotras, y hablar español era algo que se miraba con desprecio en la casa''.
Finalmente, sus padres llegaron de La Habana en mayo de 1962, pero la trabajadora social en Buffalo consideró que las niñas deberÃan terminar el curso escolar, y demoró la reunión familiar por un mes más.
En la actualidad, cuando se le pregunta cómo la cambió esa experiencia, Echazábal tiene una respuesta inmediata: "Me hizo muy resistente para el resto de mi vida; cada vez que estoy pasando momentos difÃciles, me acuerdo de mis dÃas de Pedro y me digo a mà misma: Vamos, EloÃsa, tú sabes que esto también va a pasar''.





























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