Casos y cosas de casa, Detrás de la fachada y San Nicolás del Peladero fueron los otros tres programas humorísticos que hacia la década del 70 marcaron la televisión cubana. Mucho más que el primero, los dos restantes devinieron paradigma del humor en Cuba. A pesar de sus chistes absolutamente blancos (no otra cosa se podía en la televisión) ambos programas reunían actores y actrices que habían pasado exitosamente por las tablas y que no sólo eran capaces de las mejores "morcillas'', sino que --sobre todo en el caso de San Nicolás del Peladero-- habían logrado rescatar los tipos del desaparecido teatro bufo cubano.
Detrás de la fachada, un programa costumbrista conducido por dos de nuestros mejores locutores --José Antonio Cepero Brito (sustituido luego por Enrique Almirante) y Consuelo Vidal-- que pasaba la noche de los miércoles y que parodiaba la convivencia en un edificio de apartamentos, contaba con un elenco base conformado por Alfredo Perojo, Rosario Carmona, Wilfredo Fernández, Elena Bolaños y por la máxima estrella del humor cubano, Enrique Arredondo.
A partir de Detrás de la fachada, Arredondo comenzó a ser identificado por el nombre de su personaje, Bernabé, y frases como "¡Pues no puede ser!'', "No me da mi irrevereconsultívera gana'', o "No puedo porque padezco de azúcar en la columna'', hacían las delicias tanto de los mayores como de quienes todavía transitábamos por la edad escolar.
Como en el caso de Calderón, a Arredondo también se le atribuye una frase irreverente, aunque en esta ocasión por matices que, estéticamente peyorativos, devenían, en última instancia, políticamente peyorativos: en una de las emisiones de Detrás de la Fachada, Bernabé dice a su nieto: "Si no te comes la comida te voy a poner a ver los muñequitos rusos''. Yo, que me preciaba de ser "experto'', tanto en Detrás de la fachada como en San Nicolás del Peladero, no recuerdo haber escuchado nunca esa frase por la que supuestamente Arredondo fue alejado por un tiempo de los estudios.
Fuera cierto o no, de cualquier modo, la idea no era totalmente de Arredondo, sino que flotaba en el aire de una programación infantil permeada por una producción soviética, temiblemente sosa, sobre todo para quienes habíamos alcanzado a ver esas agilísimas producciones de Disney que aún se proyectaban en los años 60. (La cúspide de lo ininteligible en cuanto a humor infantil fue el payaso Ferdinando; un payaso alemándemocrático, humanista y ecologista que hacía cualquier cosa por el bien de la humanidad menos hacer reír).
Con el tiempo, el elenco y los conductores de Detrás de la fachada fueron cambiando; de los nuevos personajes, el más reconocido sería, sin duda, Bolondrón, un singular cartero estelarizado por un Pedro Bascot que cortejaba --con más esperanza que éxito-- a la simpatiquísima criollita Sarita Reyes.
San Nicolás del Peladero, que pasaba la noche de los jueves, era todo el humor. Amenizado por excelentes cantantes y grupos --a los que en ese entonces dábamos en bautizar como "música de viejos''-- cada interludio musical devenía no sólo eterno, sino insoportable. (Muchos años después agradeceríamos, y añoraríamos --aún sin haber salido de Cuba--, esas involuntarias lecciones de música cubana. Lo mismo sucedería con otros dos programas musicales quasi obligados: Album de Cuba y Palmas y cañas, éste último, el más claro signo del aburrimiento de los domingos y de la terrible cercanía del lunes escolar).






























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