San Nicolás del Peladero, uno de cuyos temas musicales era el pegajoso San Pascual Bailón, recreaba la vida de un pueblito de provincia entre las décadas del 10 y del 20 en el contexto de las peleas por la alcaldía que sostenían liberales y conservadores. El elenco era de primerísimo nivel: estaba, ante todo, Enrique Arredondo con dos personajes fijos --el doctor Chapottin y Cheo Malanga, matón titular del Partido Liberal-- e infinitos personajes circunstanciales que generalmente constituían los ejes del programa. Verlo aparecer era un alivio; darse cuenta de que no iba a aparecer, un desencanto mayor.
Obviamente, ello no significa que sin Arredondo el programa desmereciera. La mujer de Arredondo --en su caracterización de Cheo Malanga-- era la dura Natalia Herrera, la única persona en todo el pueblo que golpeaba inmisericordemente al matón de Cheo.
Como alcalde vitalicio por el Partido Liberal estaba Enrique Santisteban y, como alcaldesa, la gran María de los Angeles Santana, quien hiciera popular el grito de ‘‘¡Agamenón, Agamenón, Agamenón!'' en diferentes timbres sucesivos recatado, con modulaciones de soprano, y finalmente, con inmisecordia de solar-- para llamar a su criado, que encarnaba el actor Francisco Almeida. El sargento Arencibia, jefe del ‘‘tercio táctico'' de San Nicolás del Peladero, era interpretado por Mario Limonta, y su concubina --tal como la tildaba el propio Arencibia-- pertenecía a la versátil Aurorita Basnuevo. (No en pocos momentos de nostalgia Arencibia confesaría que el amor de su vida era la mujer barbuda del circo Minguito, la cual --por una sola ocasión-- apareció encarnada por Minita Piñeiro, una actriz rubia que en otros personajes menores era apodada doble ancho a causa de su esteatopigia).
El chulo del pueblo --la gran contraparte humorística de Arredondo, aunque no exactamente su contrafigura--, era el excelente Carlos Moctezuma, siempre de dril blanco y siempre acariciando, besando y consolando a la mujer de Cheo Malanga. Los diálogos entre Arredondo y Moctezuma eran, sin duda, lo mejor de la morcilla y del ingenio de los programas televisivos de la época.
El periodista Eufrates del Valle, director del periódico El Imparcial --siempre parcial a favor del alcalde-- lo encarnaba el inigualable Germán Pinelli, siempre requerido de amores por una insoportable Escolástica que, caracterizada por la actriz Argentina Estévez, histerizaba su encuentro con Eúfrates del Valle a través del inconfundible grito de "¡chiquillo loco!''. Dueño de la farmacia del pueblo era un gallego interpretado por Juan Carlos Romero, quien junto con un sobrino (el sobrín) de rarísima estampa --del que pocos recordarán su nombre-- se la pasaban dilucidando si se decía ospirina o espirina.
Por un tiempo, Juan Carlos Romero tuvo a su cargo La Flor de Galicia, restaurante donde coincidían todos los personajes y que también fue, en otro tiempo, La Flor de Asia, a cargo del "chino'' José Núñez Sariol.
Personaje atípico era el cesante, un desempleado interpretado por el magrísimo y muerto de hambre Carlos Más y a quien el alcalde no daba trabajo porque era la prueba fehaciente de que en San Nicolás del Peladero se podía vivir sin trabajar. Fue el único que no tuvo miedo del león que se escapo del circo; tanta era el hambre de ese hombre, y de su mujer, no menos magra, que del felino sólo quedaron los huesos.





























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