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Los inolvidables cómicos del cine republicano

 

aarias-polo@elnuevoherald.com

¿Dónde me dejan a Candita Quintana y Carlos Pous? Por suerte para quienes no los vimos en el apogeo de sus años mozos, el cine de los 50 los retuvo para siempre en Rincón criollo (1950), junto a Blanquita Amaro, donde recrean los personajes de La Mulata y El Negrito del género bufo, y bailan ¡Que viva Changó! ante el dúo de Celina y Reutilio. Candita apareció también en Yo soy el hombre (1952) y compartió crédito con dos leyendas del humor, Enrique Arredondo y Carlos Sanabria, en ¡Qué suerte tiene el cubano! (1950).

Uno de los rasgos distintivos de esa generación era la fidelidad a la comedia aunque filmaran melodramas de tufo radionovelesco. Ahí está el polifacético Rosendo Rosell, que protagonizó varias películas "serias'' y algunas humoradas memorables como Hitler soy yo (1943) y Siete muertes a plazo fijo (1950), una historia de humor negro que forma parte de nuestros "clásicos''.

Algo similar ocurrió con las vedettes. Como la mayoría poseía el don para la comedia, no era extraño que intercalaran entre sus cuadros rumberos algunos pasajes hilarantes, como aquella controversia de punto guajiro protagonizada por Blanquita Amaro y María Antonieta Pons en Embrujo antillano (1945) o el encuentro entre Rosita Fornés y Tin Tán en Tropicana en Tin Tán en La Habana (1953). Si algo rescatable tienen estas películas es la manera en que muestran el paisaje citadino y rural cubano, el componente musical y, sobre todo, la pléyade de cómicos que encabezó sus elencos. En los títulos que sobreviven aparecen Julito Díaz, Armando Bringuier, Tito Hernández, Mario Gali, El Chino Wong, Guillermo Alvarez Guedes, Rolando Ochoa y otras figuras célebres en su momento que dejaron su impronta.

Llama la atención que ninguna de ellas se imitaba y todas mantenían una "elegancia'' donde no había lugar para la broma soez. Muchas se perdieron en el olvido, otras rehicieron sus vidas en el exilio y las que se quedaron en Cuba, como Candita Quintana y Alicia Rico, fueron ignoradas por el cine de la revolución que emergió a partir de 1959. Busquen sus películas. Por ahí quedan algunas [...].

El Nuevo Herald

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