Imagínese lo siguiente: apenas pasado el primer día de la temporada ciclónica, los administradores de emergencias en los condados Miami-Dade y Broward son despertados por una pesadilla.
Y no una de esas depresiones tropicales que aparecen cerca de las Carolinas y se van deshaciendo rumbo al nordeste. Esta podría ser terriblemente seria: una tormenta con vientos de 150 millas por hora que empujan una pared de agua de 10 pies de alto hacia el downtown de Miami y las islas que se extienden desde Miami Beach hasta Hollywood.
Por suerte, ese monstruo se cierne sobre nosotros solamente en el papel --una variable de tipo en el peor de los casos, creada para una práctica anual que ayuda a preparar a los administradores de emergencias para la catástrofe que todos tienen la esperanza de que nunca pase, pero que saben que algún día podría ocurrir. Pero se basa en un huracán real, la tormenta sin nombre que en 1926 arrasó con el sur de la Florida antes de recargarse en el Golfo de México y azotar Pensacola.
"Lo de en el peor de los casos' suena como algo inventado'', indicó Jack Beven, uno de los principales meteorólogos del Centro Nacional de Huracanes de Miami. "Esto es algo que pasó en realidad''.
El impacto previsto a la línea costera cubierta hoy en día de condominios presenta un reto titánico para los administradores de emergencias durante la práctica de cinco días que termina mañana. Además, sirve de recordatorio aleccionador de la vulnerabilidad de la Florida, mientras el estado se prepara para la estación de huracanes de este año, que comienza este lunes.
El desastre en todo el estado podría ser caótico: se calculan 2.8 millones de evacuados, 3.2 millones de personas en 10 condados sin electricidad por semanas o meses enteros, 4.8 millones con sus hogares destruidos o seriamente dañados.
Con pérdidas de más de $150,000 millones, los investigadores estiman que una tormenta semejante podría resultar el desastre natural más costoso de la historia nacional, el doble del costo del huracán Katrina y el triple del de Andrew.
"Históricamente, es lo peor que pudiera pasar'', opinó Ben Nelson, meteorólogo estatal de la División de Manejo de Emergencias de la Florida, quien dirige el ejercicio anual que incluye la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) y los 67 condados del estado.
La falsa tormenta, llamada Huracán Suiter'' en honor al difunto Lacy Suiter, un admirado ejecutivo de FEMA que murió en el 2006, descargaría su furia mayormente sobre Miami-Dade y Broward --dos condados que poco se parecen a lo que fueran a principios del siglo XX.
En 1926, cuando la tormenta azotó Miami y Cocoanut Grove con vientos de 150 millas por hora, casi Categoría 5, el condado Miami-Dade estaba bien poblado, con unos 100,000 habitantes --casi todos recién llegados.
Esa ignorancia probablemente fue un factor agravante en cuanto a las muertes y daños cuando los residentes salieron de sus casas durante el paso del ojo del ciclón. En el momento más álgido de la tormenta, el mar cubrió todo Miami Beach y entró varias cuadras en el downtown de Miami. En Hollywood, edificios enteros fueron demolidos. En el área rural de Moore Haven, un dique rústico de tierra cerca del Lago Okeechobee reventó, inundando el pueblo y matando a unas 150 personas.
La Cruz Roja The Red Cross put the overall death toll at 372.





























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