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Mancuso, el "para'' que sabe demasiado

 
 

Salvatore Mancuso en una entrevista en la prisión de Itagui en octubre del 2007.
Salvatore Mancuso en una entrevista en la prisión de Itagui en octubre del 2007.
AP Photo/Luis Benavides

greyes@elnuevoherald.com

Cepeda comentó que Mancuso contó "grandes verdades'' todas ellas "impactantes'' por los personajes que se beneficiaron de las AUC.

Para el gobierno de Colombia, la actitud de Mancuso en Estados Unidos no es más que una revancha por haber sido extraditado a un país donde podría pasar el resto de su vida en una cárcel.

"Es el caso de Mancuso, mendaz de profesión, quien imparte absoluciones y condenas desde su prisión gringa, de acuerdo con los gustos o necesidades del contertulio de turno, sea el fiscal, activista u oenegero [de una organización no gubernamental], o del interés político del director del medio de comunicación que lo entreviste'', escribió José Obdulio Gaviria, principal asesor de Uribe, en el periódico El Tiempo, de Bogotá.

GENERACION PERDIDA ¿Qué acontecimientos moldearon la personalidad y las acciones de un hombre que hoy podría estar acostado en una hamaca en una de sus grandes haciendas en el departamento de Córdoba, jugando con sus dos hijos?

En la vida de Mancuso confluyen muchas de los fuerzas que marcaron el surgimiento en Colombia de una generación de jóvenes provincianos, hijos de familias de clase media que convirtieron en sus proyectos de vida el combate armado y luego ideológico contra la guerrilla.

En extensas regiones del país abandonadas por el gobierno y donde las fuerzas militares no se atrevían a ingresar, vieron cómo sus padres perdían tierras y ganado o eran secuestrados por la guerrilla y ejecutados cuando sus familiares no pagaban el rescate.

Esa misión, que comenzó como un aventura de envalentonados vigilantes rurales que recuperaban cabezas de ganado robado, se transformó, a la vuelta de 10 años, en una máquina de muerte y destrucción, financiada por el narcotráfico y con todas las posibilidades de catapultar al poder una clase política afín a su agenda de ultraderecha.

Al final, los paramilitares terminaron haciendo lo mismo que combatían: robando tierras a campesinos e indígenas, extorsionando y matando sin ninguna fórmula de juicio. El símbolo del escarmiento de las AUC fue la motosierra, aparato que algunos de sus miembros utilizaban para descuartizar vivos, delante de los habitantes del pueblo, a quienes consideraban informantes de la guerrilla.

La simple sospecha era suficiente para ordenar la ejecución y, si se presentaba una equivocación, los comandantes de las AUC mandaban a matar a quien pasó la información errada.

Mancuso afronta una condena de 40 años en Colombia por haber sido el jefe de un grupo de paramilitares que dio muerte a tiros a una niña de 18 meses delante de su padre, un líder sindical de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), a quien las AUC habían declarado objetivo militar. No participó en la acción, según el juez especializado que dictó la condena.

LITIGO POR LIBROS El ex líder paramilitar es el segundo de seis hijos de Salvatore Mancuso D'Angiolella, un técnico en reparación de plantas eléctricas nacido en Pontecagnano, provincia de Salerno, al sur de Italia, que llegó a Colombia en barco en septiembre de 1956, según relató la biógrafa del ex líder paramilitar, Glenda Martínez.

Salvador, como se registro el inmigrante italiano en los libros de ingreso al puerto de Cartagena, llevaba un contrato para trabajar en el taller de los hijos de Domingo D'Ambrosio, un paisano suyo en Montería, que entonces era un pueblo inhóspito al norte de Colombia, rodeado de las tierras más fértiles del país.

El Nuevo Herald

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