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Reportaje investigativo

Asesinato de joven colombiano ilustra la tragedia de los "falsos positivos''

 

greyes@herald.com

Benavides nunca entendió cómo su hijo era capaz de sobrellevar la vida militar en la selva con ese terror que le tenía a los insectos y a la oscuridad. Pero aún así, estaba contento, explicó, y enviaba fotografías donde posaba orgulloso con sus armas frente a helicópteros de su guarnición, y el Día de las Madres la sorprendían las postales del batallón con frases preimpresas de amor a la patria y a la mamá.

Rodríguez decía que quería regresar pronto a su batallón de infantería General Luis Acevedo Torres. Al salir de su casa, Rodríguez le pidió 20,000 pesos ($10) a su mamá para invitar a comer a su amiga, pero en la esquina se encontró con un conocido del barrio, Harry Guarnizo, un joven de unos 25 años que aparentemente lo convenció de ir a tomarse unas cervezas en el centro del pueblo.

Algunos testigos dicen que vieron a Rodríguez en compañía de Guarnizo y Darío Lozano, otro conocido, en la fuente de soda La Campiña.

Rodríguez no se comunicó durante la tarde con su mamá. A ella le extrañó, ya que él siempre se preocupaba de tenerla al tanto de sus pasos.

"Llamaba y me decía qué estaba haciendo, con quién andaba’’, dijo la madre.

Alrededor de las 5 de la tarde, uno de los vecinos que pasó frente a La Campiña quedó extrañado porque vio a Rodríguez desmadejado sobre una de las mesas de la heladería, haciéndole señas con una mano como pidiéndole que se acercara.

El vecino, que no quiso ser identificado por temor a represalias, le contó a los familiares de Rodríguez que no se acercó porque pensó que era "cuestión de malos tragos'', y además porque estaba acompañado por otros dos jóvenes.

La madre y la hermana creen que Rodríguez fue drogado. Una persona que atendía en la heladería les contó que alrededor de las 6 de la tarde dos personas se lo llevaron a rastras a un taxi.

A eso de las ocho de la noche, un agricultor que se desplazaba en su motocicleta por la trocha número 11, un largo camino veredal a unos 10 kilómetros al occidente de Granada, se encontró con un pelotón de soldados que llevaban al joven.

"[Los soldados] le dijeron: ‘Usted no ha visto nada y hágale por esa trochita’ '', relató Benavides en el lugar donde se cree que ocurrió la ejecución. "El agricultor paró mas adelantito y puso cuidado cuando lo arrastraban [a Rodríguez] y lo echaron al carro del camión del ejército, para llevarlo para Granada y botarlo allá como NN [anónimo]’’.

Según informó a la familia una funcionaria del CTI, el joven fue reportado muerto en combate con el ejército en la trocha 11 y el levantamiento del cadáver se hizo ese mismo día a las 10:45 p.m.

Un guerrillero dado de baja

Benavides dijo que no pudo dormir la noche del sábado y al día siguiente, muy temprano empezó a recorrer el pueblo preguntando por su hijo a sus amigos, en las clínicas, los hospitales y la policía. Nadie sabía de él.

Al anochecer, cuando ya regresaba con Viviana a la casa, se produjo una balacera en la discoteca Paloagua del pueblo. Las dos se acercaron al tumulto de curiosos que se formó alrededor del lugar con el fatal presentimiento de que uno de los muertos podría ser Rodríguez.

Entre los curiosos estaba Guarnizo, el vecino que se encontró con Rodríguez al salir de la casa.

Ella lo confrontó con rabia, recuerda.

"¿Dónde dejó a mi hijo, que usted andaba ayer con él?’’, le preguntó.

El Nuevo Herald

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