Los inversionistas le prestaban dinero a la empresa, y como garantía recibían la asignación de la hipoteca sobre esos lotes y una nota promisoria o pagaré. Por su dinero percibían entre 12 y 13 por ciento de interés anual, una tasa superior a la del sistema bancario.
Una vez cerrado el negocio, la empresa se comprometía a enviar a los inversionistas la semana siguiente los documentos de registro de la asignación hipotecaria.
Por tratarse de una transacción que se basaba en la confianza personal y el paisanaje, muchos de los prestamistas no se preocupaban en verificar si la transacción hipotecaria había sido registrada en los archivos catastrales de los condados donde estaban ubicados los lotes.
Para ellos, lo importante era recibir puntualmente el cheque de los intereses.
Pero en enero, empezaron los retrasos. Algunos inversionistas revisaron sus archivos y descubrieron asombrados que las notas hipotecarias no habían sido registradas, así como otras irregularidades.
Ante el atraso, acudían a las oficinas de la empresa en Miami o llamaban al teléfono personal de Cantens. Cantens les pedía paciencia porque la empresa tenía, según él, problemas de flujo de caja.
Una inversionista que sostuvo que la empresa le debe más de $1 millón y que pidió no ser identificada por instrucciones de su abogado, relató a El Nuevo Herald que cuando llamó a Teresita por el retraso en los pagos, ella le dijo que estaban esperando que el abogado de la empresa autorizara los cheques.
"Me pareció muy raro'', contó la mujer de más de 70 años. Su marido llamó dos veces a Cantens, éste lo atendió, pero a la tercera le colgó.
La inversionista relató que a finales del año pasado, pese a que la crisis de la empresa era evidente, los Cantens seguían invitándolos a invertir.
"A pesar de que sabían, continuaban en eso, nadie se cae de un árbol si no se rompen las ramas'', afirmó la mujer.
En su trabajo de estilo microgerencial, Cantens estaba continuamente hablando con los inversionistas para convencerlos de que reinvirtieran sus intereses en el negocio o cualquier dinero extra que recibieran.
Según Madeleine, era tal la conexión de Cantens con las transacciones de su círculo de inversionistas, que días después de que ella vendió su casa en Kendall por $700,000, él la llamó dándose por enterado de la transacción. Ella quedó sorprendida.
"Me llamó y me dijo que invirtiera ese dinero en su negocio que allí estaría más seguro que en un banco'', recordó Madeleine.
Y ella aceptó.




























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