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Monseñor Román: 50 años de completa dedicación

 
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MONSEÑOR AGUSTIN Román, en la Ermita de la Caridad, cumple 50 años de sarcedocio y recibirá el 
homenaje de miles de fieles cuyas vidas fueron tocadas por sus prédicas y sus acciones.
MONSEÑOR AGUSTIN Román, en la Ermita de la Caridad, cumple 50 años de sarcedocio y recibirá el homenaje de miles de fieles cuyas vidas fueron tocadas por sus prédicas y sus acciones.
ROBERTO KOLTUN / El Nuevo Herald

vmuñoz@elnuevoherald.com

Cuando monseñor Agustín Román fue expulsado de Cuba en 1961 pensó que le habían arrebatado la sagrada misión de servir a su pueblo. Hoy, a 50 años de su consagración como sacerdote, la historia contemporánea de ese pueblo y, en particular, del exilio cubano, no puede escribirse sin dejar de mencionar su nombre.

"Yo no odio a nadie. Pero nunca quise salir de Cuba'', declaró Román a El Nuevo Herald. ‘‘Pienso que un sacerdote no abandona a su pueblo, pero fui expulsado por ser sacerdote. Mi pecado, entonces, es ser sacerdote, y no me arrepiento de serlo''.

Román, de hecho, es una de las pocas figuras de Miami que define no sólo la trayectoria de la comunidad cubana, sino también de la hispana. Esta noche, en la celebración por su medio siglo de entrega sacerdotal, este hombre de aspecto frágil y voluntad de hierro dará las gracias por la fe, ‘‘que es ver con los espejuelos de Dios'', según dijo, y recibirá el homenaje de miles de fieles cuyas vidas fueron tocadas por sus prédicas y sus acciones.

"Su contribución ha sido extraordinaria'', afirmó monseñor Oscar Castañeda, rector de la Ermita de la Caridad, en Miami. "El es el sacerdote, el padre espiritual, el obispo y pastor del rebaño de Cristo que nos guía con su palabra y, de una manera muy especial, con su ejemplo de vida y fidelidad al Evangelio''.

Castañeda destacó que Román ha sido un apoyo espiritual para toda la comunidad y el promotor principal en el sur de la Florida de la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.

La vida pastoral de Román, de 81 años, ha corrido paralela a la convulsionada historia de los cubanos. Sólo habían pasado seis meses del triunfo revolucionario de Fidel Castro, cuando fue ordenado como sacerdote el 5 de julio de 1959 en la parroquia de San José de Colón, por el obispo Alberto Martín Villaverde, en la provincia de Matanzas.

Entonces, Román era un joven religioso recién llegado del seminario en Montreal, Canadá. Su honestidad y su celo pastoral le ganaron rápidamente la enemistad de la naciente dictadura. El 17 de septiembre de 1961, mientras cenaba en la casa parroquial, fue arrestado y embarcado con rumbo a España, junto con el obispo Eduardo Boza Masvidal y otros 130 religiosos. No le permitieron siquiera recoger su ropa ni despedirse de sus padres. La partida del buque Covadonga, que significó un golpe demoledor para la Iglesia Católica en la isla, fue el preludio de una sistemática política de exclusión y represión contra los creyentes que se extendió hasta mediados de la década de 1990.

Pero una puerta se cerraba y otra se abría. Su vocación misionera lo llevó a ofrecerse como voluntario en una parroquia de Temuco, al sur de Chile, "que tenía 14 tribus de la linda cultura mapuche'', comentó.

En 1966, ya estaba en Miami. Al año siguiente fue nombrado párroco asistente de la Catedral de St. Mary, en el noroeste de Miami. El 8 de septiembre de 1967, día de la Caridad del Cobre, se celebró una misa para recibir la imagen de la virgen en una capilla provisional en los actuales terrenos alrededor de la Ermita, precisamente donde ahora se alza el Convento de las Hijas de la Caridad. La imagen, que estaba en la parroquia de San Juan Bosco, en La Pequeña Habana, había sido sacada clandestinamente de la isla en 1961 para presidir la primera reunión multitudinaria del exilio.

Román estaba acompañado por el entonces arzobispo de Miami, Coleman F. Carroll. Ese día Miami entró en una nueva era.

El Nuevo Herald

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