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El lucrativo mundo de la lucha atrae a muchos

 
 

LA CAMPEONA de lucha, Jillian Ferguson (der.), aplica una técnica a su contrincante durante un 
campeonato en Pompano Beach.
LA CAMPEONA de lucha, Jillian Ferguson (der.), aplica una técnica a su contrincante durante un campeonato en Pompano Beach.
ANDREW ULOZA / The Miami Herald

rsamuels@MiamiHerald.com

En uno de los espectáculos más recientes, Jiminez fue el primero.

Mientras cambiaba su ropa de trabajo por el uniforme rojo de luchador, resultó evidente por qué se lesiona con frecuencia. En su inscripción dice que mide seis pies una pulgada y mide 165 libras --una exageración-- en un deporte donde los competidores de alto nivel pesan 250 libras o más. Antes del encuentro, Jiminez se puso una máscara negra y se convirtió en Sean Phoenix, como el ave fénix que lleva tatuada en la espalda.

El fénix, dijo, acababa de hablarle. Le gusta la idea de ser una criatura mítica que nunca muere, nunca se echa atrás y siempre vuelve a la carga.

Mientras tanto, las tres mujeres que actuarían esa noche se dirigieron a su habitación privada y conversaron sobre los viejos tiempos.

"¿Recuerdas cuando me partiste un dedo del pie?", pregunta riendo Whitehead, la camarera, a Jillian Ferguson.

"¡Y entonces el karma se vengó conmigo, porque también me rompí un dedo del pie!'', respondió Ferguson.

También estaban trabajando con Jessica Johnson, quien participa por lo menos una vez al mes en espectáculos de lucha fuera del estado. Su nombre artístico es Jessica Haze. Hace el papel de malvada y altanera, la campeona local.

Ferguson, que pesa 300 libras y nació en Trinidad, adoptó el nombre de Calypso. También es una ‘‘villana'' o una "canalla''. Pero tuvo pocas oportunidades para escoger.

"La gente me mira, ve que soy gorda y empieza a odiarme'', dijo Calypso, mientras se aplicaba colorete en las mejillas.

Haze y Calypso planean competir en pareja contra una rival, Whitehead. Su nombre deportivo es The Temptress (La Tentadora) Kimberly, una muchacha graciosa y coqueta.

El árbitro de esa noche, Emilio Aubin, entra en su habitación. "¿Me podrían decir cómo planearon el combate?", pregunta.

El guión es el siguiente: La Tentadora aspira a que Haze acceda a un combate por el título, algo que ha evitado por lo menos durante un año. Esta noche Haze contaba con su amiga, la grandota y mala Calypso, quien se ocuparía del trabajo sucio. Pero La Tentadora pondría de manifiesto su temple derrotando a la pareja para conseguir el muy esperado combate por el título en el verano.

¿Entiende cómo es la cosa, árbitro?

Ackerman se presentó para comprobar que todo marchaba bien. Preguntó: "¿De dónde eres, Jill?

"De Trinidad", respondió.

"No'', dijo él. "Esta noche serás de Puerto Príncipe, Haití''.

"¿De Haití? ¿Por qué?

"Bruno [el otro propietario[ necesita alguien de Haití''.

"¿No hay ninguna haitiana de verdad? Yo soy de Trinidad''.

Ackerman se encogió de hombros.

Pasaron algunos minutos y entonces sonó la campana.

Phoenix salió al cuadrilátero sin que nadie lo aplaudiera. Su contrario era Bobby Sanford, uno de los luchadores más experimentados, de 227 libras. Phoenix perdió el combate pero la actuación fue buena.

"Mantuve el interés de la concurrencia'', dijo después. "Todo salió a pedir de boca''.

Las mujeres fueron las siguientes. Jessica Haze, de nariz respingona, se pavoneó en el cuadrilátero con su cinturón del título. Ackerman, al anunciar a Haze y Calypso, hizo una concesión a una de sus estudiantes.

"Y de Trinidad, ¡Calypso!''.

Calypso, a quien el público le propinó una rechifla inmediata, dejó asomar una sonrisa al escuchar el reconocimiento.

El Nuevo Herald

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