"Pete es una persona de acción, pero más importante aún, es médico. Nos dio la claridad y el entendimiento de cómo constituir una clínica'', dice Gibson, una profesora de enfermería en el Miami-Dade College que coordina los servicios y la atención de la misión de rescate. "Llegó absolutamente en el momento adecuado''.
La pequeña clínica, que abre los días laborales, está operada por un grupo de voluntarios: Gutiérrez, asistentes de médicos, un pediatra, un gastroenterólogo y estudiantes de medicina y enfermería. Hay un miembro pagado del personal que está a cargo de coordinar la atención de los pacientes. La clínica funcionará con un presupuesto de $100,000, costeada con subsidios, donaciones y servicios recíprocos.
Tito Oropesa, un fumador de dos paquetes al día que también usó cocaína crack, entró a la clínica a verse una erupción. Se alzó la camisa, dejando ver una franja de granos en la espalda que tenía desde hacía más de una semana.
"Esto parece herpes zoster'', dice Gutiérrez casi instantáneamente, y entonces recomendó un examen completo. "Entretanto, quiero que aguantes el cigarro''.
Gran parte del trabajo de un médico es navegar el paisaje de desamparo e incapacidad. Es como una labor detectivesca, tratar de descifrar cómo la tragedia y las circunstancias han afectado a sus pacientes físicamente. Y tiene que lidiar con pacientes cuyas enfermedades se complican con drogas y alcohol y culpabilidad y malas decisiones.
Ya ha diagnosticado a pacientes con hipertensión, neumonía, diabetes y enfermedades sexualmente transmitidas.
Y está Willie Rice. Después de 27 días fuera de la cárcel, sin albergue y un poco asustado, ha venido a la clínica con una bolsa de medicinas de prescripción y estarse quejando de fuertes contracciones estomacales, vomitando sangre y con dolor en el área de unas antiguas cuchilladas debidas a un juego de dados que se echó a perder. Luego de una hora de examen físico, un moderado regaño sobre el cigarro y algunas preguntas difíciles, cuando Rice salió de allí llevaba turnos para examinarse por gastritis, prostatitis y pruebas de glucosa y de colesterol.
Y también esperanza.
"Este lugar es una bendición. No tengo que ir lejos para enterarme de lo que anda mal'', dice Rice, de 48 años. "Yo estaba pensando rezar para que se me fuera el dolor''.




























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