Según los términos del acuerdo para la construcción del estadio, de acuerdo con Samson, el 50 por ciento de los trabajadores tienen que ser del condado Miami-Dade y 20 por ciento provenientes de la ciudad de Miami.
Los Marlins se proponen ofrecer a licitación unos 80 proyectgos diferentes, cada uno con una tarea de construcción específica, que los subcontratistas podrán tratar de ganarse. Varios subcontratistas ya han sido designados para su contratación en las próximas semanas, entre ellos la firma encargada de comprar y transportar el acero de una fábrica en Bélgica.
Pero hasta el momento los Marlins solamente han contratado a la firma que se ocupa de limpiar y preparar el terreno para la construcción, American Engineering & Development Corp, con sede en Hialeah Gardens.
No obstante, la perspectiva de trabajo estable en un proyecto que continuará por los próximos tres años fue suficiente para atraer a miles.
Luego de obtener una planilla de solicitud, Sisay Barcía, de 29 años, buscó un lugar para sentarse a llenarla. Luego de divisar una silla plástica vacante en la acera, se acomodó en ella y empezó a escribir en seguida.
"Las cosas están malas'', dijo. "Vine a ver si encuentro trabajo''.
Barcía vino al sitio para tratar de salir de una racha de desempleo de tres años, dijo. Y, si consigue el trabajo, afirmó, será parte de algo que él considera será importante para la ciudad.
Mientras él llenaba su planilla, docenas de solicitantes escribían cerca de él sobre grandes barreras de construcción.
Ricardo González se puso en la sombra, recostado contra una cerca y apoyando su planilla en su casco rojo de motociclista. Al cruzar de la calle, y frente al portón color aguamarina del sitio de construcción, una gran excavadora amarilla horadaba el suelo.
"Para mí es importante, porque me encanta trabajar en algo hermoso'', dijo González, mirando al futuro emplazamiento del estadio de 37,000 asientos.
El obrero de 40 años está sin trabajo desde diciembre, lo cual le hace difícil enviar todos los meses su remesa de $100 a su esposa y sus hijos en Cuba.
No muy lejos, un miembro del equipo de construcción a cargo de la supervisión del proyecto sujetaba una pesada caja plástica llena de planillas de empleo.
Melvin Jones echó su planilla en la caja y sonrió.
"¿Cuándo nos avisarán?", preguntó.
"A mediados de agosto'', respondió el hombre que tenía la caja.
La sonrisa de Jones desapareció de su rostro. "Oye, para eso todavía falta mucho'', dijo.




























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