Los hospitales del país acordaron el miércoles renunciar a $155,000 millones en futuros pagos del gobierno para ayudar a sufragar el costo del plan de renovación de la salud pública del presidente Barack Obama.
El vicepresidente Joe Biden anunció el acuerdo en la Casa Blanca, flanqueado por funcionarios gubernamentales y representantes de los hospitales. "La reforma está en camino. Está a tiempo. Hemos tratado durante décadas de arreglar un sistema deshecho, y nunca, en toda mi trayectoria como funcionario público, hemos estado tan cerca'', afirmó Biden.
El acuerdo permitió también a los hospitales limitar el daño a sus presupuestos. El gobierno de Obama acordó abstenerse de recortes mayores que estaban siendo discutidos, aseguró en un memorándum a sus miembros la Asociación Americana de Hospitales.
En el Capitolio, otra fuente importante de fondos parece estar fuera de discusión. Los senadores democráticos se rebelaron contra una propuesta de impuestos sobre los beneficios de seguro de salud, que cuenta con el apoyo de algunos miembros importantes de ambos partidos. Los importantes legisladores demócratas y republicanos dijeron que continuarán trabajando en un acuerdo bipartidista, incluso si les toma más tiempo de lo que esperaban.
En un firme mensaje a la Legislatura, Biden agregó: "No podemos esperar (...) y el Congreso lo sabe''.
Obama ha fijado un ambicioso calendario para la legislación, con la esperanza de aprobar una ley abarcadora en el otoño. Pero los legisladores regresaron el martes de sus vacaciones del 4 de julio con profundos recelos sobre el impuesto a los seguros de salud --un elemento clave en la discusión--, así como cuestionamientos sobre muchas secciones de la compleja legislación.
Según una propuesta hecha en el Senado, los trabajadores tendrían que pagar impuestos sobre el valor de su seguro de salud, una vez que excediera cierta cifra aún no determinado por el Congreso. Los republicanos se han expresado a favor de ese impuesto como una manera de compensar los gastos médicos. Pero la resistencia de los demócratas parece haber paralizado la propuesta.
"Yo no encuentro que tenga viabilidad alguna'', declaró el miércoles a la prensa el senador Chris Dodd, demócrata por Connecticut, después de una votación.
Los demócratas del Senado están "desechándolo en general'', indicó la senadora Olympia Snowe, republicana por Maine, una moderada que ha estado negociando entre los dos partidos. "Tenemos que, me parece, reconsiderar algunos de los temas y ver dónde podemos conseguir mayores ahorros''.
El tiempo se está acabando: los legisladores podrían estar menos dispuestos a votar sobre un tema tan polémico como la salud pública el próximo año, cuando todos los puestos de la Cámara y un tercio de los del Senado irán a elecciones.
Max Baucus, demócrata por Montana y presidente del Comité de Finanzas del Senado, ha defendido por largo tiempo la idea de un impuesto a los beneficios de salud como la mejor manera de pagar por los servicios de salud y al mismo tiempo restringir el crecimiento del costo de cobertura en un futuro. Pero la idea ha encontrado fuerte oposición de de los sindicatos, parte esencial de la base demócrata.
Los demócratas de la Cámara también se han opuesto con energía, y el mismo Obama se opuso firmemente a la idea durante la campaña presidencial del año pasado.





























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