Cederle la ventaja de campo para la Serie Mundial a la liga que gane el Juego de Estrellas puede ser considerado una innovación para algunos. Para nosotros representa un engrendro.
Al comisionado Bud Selig le podemos agradecer algunas ideas durante su mandato, entre ellas el wild card que mantiene la atención hasta el último día de la temporada.
Pero comenzar la Serie Mundial en el terreno del equipo que gane el Juego de Estrellas, no es positivo para el béisbol.
Por obra de Selig, el resultado del clásico de media temporada define desde el 2003 la sede donde arranca la Serie Mundial. Esta medida surgió tras el fracaso que ocurrió en el 2002 cuando ambos equipos en un empate agotaron todos los jugadores y se observó ausencia de interés por ganar el desafío.
Selig necesitaba una fórmula para inyectar interés al juego, y esta fue la mejor que encontró. Para el 2003 estaba bien, pero seguir con ese engendro es desacertado.
Un triunfo en un partido de exhibición donde muchas veces se juega diferente a un desafío de temporada, no debe decidir dónde comienza la Serie Mundial con la ventaja de jugar en casa cuatro encuentros.
Esta medida debe ser abolida y regresar al sistema anterior, cuando se alternaba la Serie Mundial.
A Selig también le debemos algo muy negativo, la complicidad que mantuvo al callar sobre el uso de esteroides por parte de los peloteros conociendo todo lo que que ocurría, lo cual no tenemos que darle crédito en todo lo que decida. Y en esta ocasión, creemos que está equivocado.

























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