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PALABRA DE PESO

Primera piedra del inconcluso edificio de la confianza

 

jebro@elnuevoherald.com

Bajo un calor inclemente y una humedad sofocante, Bud Selig debió comprender hace mucho tiempo por qué la construcción de un estadio era vital para supervivencia de los Marlins en el Sur de la Florida.

El Comisionado de las Grandes Ligas contempló el lugar donde un día no muy lejano se alzará el nuevo parque de la franquicia y respiró aliviado cuando las palas se hundieron en la tierra de manera ceremonial para anunciar que la construcción entraba en fase acelerada.

Sus deseos, como los de los dueños de los peces y de miles de aficionados, serán realidad en el 2012, fecha en que la instalación de $640 millones y 37,000 asientos con techo retractable, abra sus puertas en La Pequeña Habana.

No cabe duda. Este es un día inolvidable para los Marlins, para los funcionarios locales que apoyaron el proyecto en sus horas más bajas y hasta para aquellos que se opusieron ferozmente casi rayando el último minuto.

Los peces, de seguro, no olvidarán lo difícil que resultó llegar a este instante, porque fueron muchos los sueños rotos, las ideas fallidas, las discusiones estériles antes de convencer a todos, o al menos a la mayoría, de la importancia de edificar este complejo deportivo.

Pero los habitantes de la ciudad de Miami y, sobre todo, del condado, tampoco habrán de olvidar que gracias a ellos los Marlins van a remover tierra y construir una maravilla de ingeniería en un momento de profunda recesión que amenaza con recortar servicios básicos a ciudadanos en necesidad.

El estadio traerá trabajo a miles y, si las predicciones de algunos expertos se cumplen, revitalizaría una zona que lucha por salir de una depresión prolongada, pero visto dentro del contexto de la economía esto es una gota de agua dentro del océano de la crisis.

¿Mejor algo que nada? Sólo el tiempo dirá.

Nadie más que yo ama el béisbol y quiere tener a los Marlins aquí por los siglos de los siglos, pero no me cierro los ojos para comprender que si el sur de la Florida ha puesto más que su grano de arena, sangre, sudor y lágrimas en este proyecto; también el club debe subir la parada y no esperar a la apertura de la campaña del 2012 para hacer más atractivo al equipo en el ámbito deportivo.

Quisiera ver, quizá bien pronto, en unos días, que el mánager Fredi González recibiera ayuda -¿un bateador de poder en la alineación o acaso un cerrador más confiable?- para luchar de verdad y en condiciones más solventes en momentos en que la temporada parece balancearse sobre una cuerda floja. No todo está perdido, pero todo pudiera perderse dentro de poco.

Me gustaría comprobar que el próximo año la nómina se incrementase un poco más y que en el 2011 los peces fueran un equipo con todas las de ley, capaz de preparar una transición hacia el nuevo parque basada no sólo en la novedad arquitectónica sino en el talento beisbolero.

Que la gente vaya no únicamente porque se siente cómoda o porque no los mojará un aguacero turbulento, sino porque el producto en el terreno vale la pena no importa el precio que cueste la entrada.

Un estadio nuevo, por sí solo, no garantiza el éxito. Ahí está la experiencia terrible de los Piratas en el flamante PNC Park. Los Cerveceros lo entendieron a tiempo y, tras unas campañas para el olvido, hoy vuelven a llenar el Miller Park gracias a Prince Fielder y compañía.

Sí, este es un día para la historia, pero esta no se detiene y al final juzgará si valió la pena o no. Ya la ciudad y el condado hicieron su parte, si los Marlins hacen la suya, este puede ser un día mejor.

El Nuevo Herald

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