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RINCON DEL RECUERDO

José Méndez, el diamante negro del béisbol

 

mmartinez@elnuevoherald.com

Cuando el 31 de octubre de 1928, en el transcurso de un desafío entre los equipos de la Habana y Cienfuegos, en el segundo Almendares Park en la capital cubana, se dio a conocer la muerte de José de la Caridad Méndez, el béisbol antillano despedía a uno de los mejores lanzadores de cualquier época, el hombre de quien los dirigentes de la pelota norteamericana lamentaron el oscuro color que tenía su piel.

Porque de no haber nacido negro, aquel fenómeno de la lomita hubiera triunfado en Grandes Ligas al mismo nivel de lanzadores como Christy Mathewson y Walter Johnson, como también lo hizo en dicha etapa otro inmortal: Adolfo Luque.

A Méndez le llamaron "El Diamante Negro'' y nació en Cárdenas, en la provincia de Matanzas. Primero se dio a conocer como torpedero en un campeonato libre que se jugaba en Sancti Spíritus, y de allí fue enviado al club Almendares de la pelota profesional cubana.

Por la potencia de su brazo derecho, Méndez fue convertido en lanzador, llegando a ser uno de los grandes de su tiempo.

Méndez eslabonó una cadena de 45 escones consecutivos entre el 15 de noviembre y el 24 de diciembre de 1908, de ellos 25 fueron ante el Cincinatti de Grandes Ligas, equipo al que dejó en sólo un hit la primera vez que lo enfrentó.

Llevaba Méndez 25 hombres retirados consecutivos cuando el bateador de turno sacó un machucón por segunda que se convirtió en hit, privándole de la hazaña del Juego Perfecto. Fueron los primeros nueve ceros del total de 45, racha que fue rota el 24 de diciembre por el equipo Habana.

Sobre la memorable actuación de Méndez ante Cincinatti, el periódico habanero El Mundo tituló: "Primer triunfo de una novena cubana sobre otra de Grandes Ligas''.

El texto decía: "El Almendares logró ayer la victoria más gloriosa alcanzada por una novena cubana, al superar a un club de la Liga Nacional, el Cincinnati, que venía de obtener 28 triunfos al hilo desde el día en que, concluido su torneo, emprendió viaje a La Habana''.

Los azules del Almendares detuvieron la racha de victorias de los Rojos de Cincinnati, y al terminar el partido miles de aficionados cargaron a Méndez y lo pasearon por dentro y fuera del parque.

La victoria sobre Cincinnati no fue la única que logró el cubano frente a poderosos equipos de Grandes Ligas.

Estas series entre cubanos y estadounidenses se iniciaron a principio del pasado siglo, y en una de ellas en la década del veinte donde también se lució uno de los grandes bateadores cubanos y latinoamericanos de todos los tiempos, Cristóbal Torriente, visitó la isla Babe Ruth, el "Sultán de la Estaca'' de los Yankees de Nueva York, que al concluir su actuación expresó: "Con José Méndez y Cristóbal Torriente en mi equipo, ganamos el campeonato en el mes de septiembre y nos vamos a pescar en espera del rival de la Liga Nacional''. El piloto del equipo norteamericano, el famoso John McGraw, dijo sobre Méndez: "Si pudiera pintar de blanco a Méndez me lo llevaría a mi equipo y sería uno de los mejores lanzadores de Grandes Ligas''.

En el circuito donde sólo la pelota era blanca, Méndez fue uno de los mejores serpentineros. Por su dominio del idioma inglés y por su experiencia beisbolera, dirigió a los Monarcas de Kansas City, el equipo de mayor reputación de las Ligas Negras.

Como piloto de Los Monarcas, los llevó a ganar la Serie Mundial Negra frente al Hilldale, acreditándose también dos victorias como lanzador, a pesar de haber visto pasar sus mejores días.

A los 41 años de edad, enfermo de tuberculosis y en la mayor pobreza, murió en La Habana.

Por su calidad y por la historia que escribió como lanzador en las Ligas Negras, Méndez fue elegido al Templo de los Inmortales (Cooperstown). Su nombre está en el mismo Nicho donde se encuentran sus compatriotas Tany Pérez, Martín Dihigo y Cristóbal Torriente. Y en el mismo lugar donde están los nombres de Babe Ruth, Ty Cobb, Joe DiMaggio, Ted Williams, Willie Mays y Roberto Clemente.

El Nuevo Herald

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