Los trámites para talar árboles viejos en algunas ciudades cubanas son engorrosos a pesar del riesgo de que se desplomen sobre las viviendas al paso de un huracán, ahora que el Caribe está en temporada de ciclones, informaron hoy fuentes oficiales.
El diario oficial Juventud Rebelde, portavoz de la Unión de Jóvenes Comunistas, indica que "intentar la poda o la tala'' de árboles se ha convertido en "un trámite desgastante e inseguro'', a juzgar por cartas enviadas por sus lectores.
El rotativo divulga testimonios de vecinos de La Habana y Santiago de Cuba cuyas gestiones con empresas estatales para talar árboles que afectan a sus viviendas ya demoran varios años.
''Uno percibe que a algunos no les han bastado los cruentos destrozos ocasionados por los huracanes al fondo habitacional del país, no digamos ya lo más importante: la vida humana'', dice el diario, al criticar que se dilate la solución en esos casos.
Tres huracanes que azotaron Cuba en 2008 causaron siete muertes, destruyeron o dañaron medio millón de viviendas y dejaron pérdidas calculadas por el Gobierno en más de 10.000 millones de dólares.
Uno de los fallecidos fue un hombre de la ciudad oriental de Camagüey al que le cayó encima una pared de su vivienda, abatida por un árbol cuando recorría Cuba de este a oeste el huracán "Ike'', el más mortal y dañino de los tres de la pasada temporada.
Los lectores de Juventud Rebelde refieren que funcionarios de las empresas de Servicios Forestales y Comunales les han respondido que no trabajan en patios particulares, no tienen fuerza de trabajo o carecen de instrumentos y petróleo para acometer la poda.
La tala o poda de árboles con riesgo para inmuebles e instalaciones eléctricas es una de las principales medidas previstas en Cuba cada año para enfrentar la temporada de ciclones, que en esta región se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre.
Según datos oficiales, solo en La Habana el 80 por ciento de los árboles necesitan ser sustituidos por envejecimiento.
La jefa de Servicios Forestales de la capital, Isabel Rusó, dijo a medios oficiales que la edad de esos árboles "los hace vulnerables a eventos climatológicos y presentan peligros de desplome''.
En agosto de 2004 el huracán "Charley'' fue calificado de "gran poda sanitaria'' ya que derribó en La Habana más de 7.000 árboles y causó daños a otros 30.000, que en su mayoría tenían los troncos huecos o enfermos.



























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