No han faltado los titulares horrendos, las historias casi sacadas de una novela negra, y los rumores oscuros en espera de respuestas, pero el boxeo está viviendo uno sus momentos más sombríos de los últimos tiempos.
Para muchos, sin duda, es el peor mes de su historia.
Cuesta creer que las únicas noticias que nos sacuden de este deporte sean la muerte de siete miembros de su familia en menos de un mes, todos víctimas de la violencia dentro y fuera del cuadrilátero, a manos de otro o autoinducida.
Primero se supo del deceso del inolvidable Alexis Argüello a causa de un tiro en la frente. Todo hace indicar que el gran campeón apretó el gatillo que puso fin a su vida de manera dramática.
Todavía sin acostumbrarnos a la pérdida del nicaragüense, se regó como pólvora la noticia de que Arturo Gatti había aparecido estrangulado en un apartamento de Río de Janeiro, dando lugar a miles de especulaciones sobre el posible asesino, o asesina.
De manera poco inteligente, Vernon Forrest fue baleado siete veces al tratar de impedir que le robaran su auto mientras inflaba un neumático una caliente noche en su natal Atlanta.
Menos conocido que los tres campeones mundiales, el estadounidense Francisco ‘‘Poncho'' Montivias fue declarado muerto tras perder en una cartelera celebrada en San Luis. Era apenas su segundo combate profesional.
Algo parecido le sucedió al azteca Marco Antonio Nazareth, quien falleció en hospital de Puerto Vallarta cuatro días después de sufrir un derrame cerebral en una pelea contra Omar Chávez.
Montivias y Nazareth vieron tronchadas sus vidas en el ring, algo que no se puede decir de los colombianos William "El Martillo'' Morelos y Nicolás Cervera.
El primero fue asesinado a tiros en Montería, en momentos en que se aprestaba a ingresar en un gimnasio y el segundo se suicidó al verse superado por problemas personales de toda índole.
"Yo no recuerdo algo así en la historia del boxeo'', comentó el conocido entrenador Roberto Quesada. "Parece algo casi sobrenatural. A la mayoría los conocí, a algunos incluso los entrené. Cualquier aficionado del boxeo debe sentirse devastado por esta cadena de muertes''.
Y no sólo por eso.
Para los amantes de la disciplina -al menos aquellos incondicionales- es duro tener que esperar hasta el 18 de septiembre, cuando Floyd Mayweathr Jr. cruce guantes con el mexicano Juan Manuel Márquez, para presenciar un combate de altura, esos que vuelven relevante una noche de sábado.
Un poco más allá, el 14 de noviembre, el boricua Miguel Cotto promete otra pelea para dejarlo todo contra el filipino Manny Pacquiao, pero más allá de esas dos citas no se advierte algún compromiso de los que ponen a conversar a la gente en las esquinas y en los puestos de trabajo.
Julio, sin duda, ha sido un mes cruel para un boxeo que lucha por ganar aficionados y poner orden entre tantos campeones de cartón y combates de segunda mano.
¡Y pensar que todavía queda agosto!


























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