Falleció José Pardo Llada

 

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El veterano periodista, político y diplomático José Pardo Llada, el más influyente comentarista radial de la Cuba republicana, falleció en la mañana del viernes en un hospital de la ciudad colombiana de Cali por complicaciones derivadas de una úlcera estomacal. Tenía 86 años.

"Fue un hombre que hizo feliz a mucha gente, con un gran espíritu de lucha y un corazón en el que cabían dos países enteros'', dijo el viernes su hija, la periodista Bernadette Pardo, comentarista de la emisora WQBA-1140 AM. "Disfrutó mucho la vida, lleno de amor y risa, y tenía un gran sentido de la historia''.

El deceso de Pardo Llada se produjo a las 9 a.m. en la Clínica Sebastián de Belalcázar tras complicarse sus padecimientos digestivos con una neumonía y problemas renales. Según dijeron sus familiares, su situación se deterioró sensiblemente desde la tarde del jueves, cuando cumplía su quinto día de hospitalización en estado de coma.

Con su muerte desaparece una leyenda de la radio y la política cubanas del siglo XX, y una personalidad cívica que deja también sus huellas en la historia colombiana contemporánea.

Bernadette viajó el lunes a Colombia y pudo estar junto al padre hasta sus últimos momentos de vida. Pardo Llada había realizado una reciente visita familiar a Miami, donde celebró su cumpleaños.

Nacido en 1923 en la ciudad de Sagua la Grande, antigua provincia de Las Villas, Pardo Llada cursó sus primeros estudios en una escuela jesuíta de su localidad. Años después su padre, un reconocido maestro, lo envió a La Habana para estudiar Derecho, pero no terminó la carrera y optó por probar suerte en el periodismo.

Su nombre comenzó a cobrar notoriedad a partir de 1944, a raíz de un huracán que arrasó con La Habana y destruyó varias torres de transmisión radial. Pardo Llada trabajaba entonces en una modesta estación de CMK ubicada en la Manzana de Gómez, frente al parque central habanero.

"Estuvo tres días hablando sin parar, tomando café con leche solamente'', recordó el periodista Max Lesnik. "Así fue como se hizo famoso y comenzó a meterse en el mundo de la política, criticando al gobierno de turno''.

Fustigó duramente al gobierno de Ramón Grau (1944-1948) y en poco tiempo su espacio Periódico La Palabra, transmitido por Unión Radio, escaló los máximos niveles de audiencia.

"Era la época gloriosa de la radio en Cuba y la gente se reunía en las bodegas, en los cafés y en las esquinas para escuchar su programa a la una de la tarde'', relató Pedro Yánez, quien fue amigo suyo desde la infancia. "Era un tipo con carisma. Leía vorazmente y tenía un gran sentido del humor, que lo ayudó mucho en su popularidad, porque en Cuba lo único que no puedes ser es pesado''.

Convertido en el comentarista de mayor audiencia en el país, Pardo Llada rompió lanzas contra la corrupción republicana, identificándose como "una voz sin precio ni temor''. Generalmente improvisaba sus comentarios editoriales y concluía con una frase devenida emblemática para el público cubano de la época: "¡Qué desparpajo, señores!''

En estos años también fungió como columnista de la revista semanal Bohemia y del periódico Diario Nacional.

Fue así que emergieron sus aspiraciones políticas, bajo la tutela de Eduardo Chibás (1907-1951), líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

"Me duele profundamente la muerte de Pardo Llada, que fue un verdadero líder del pueblo cubano, un látigo contra la corrupción y un luchador contra el despotismo'', dijo Luis Conte Agüero, periodista y destacado líder ortodoxo. "Siempre trató de dar lo mejor de sí''.

Pardo Llada logró un abrumador respaldo popular para llegar a la Cámara de Representantes en las elecciones de 1950, alcanzando la mayor cantidad de votos de un candidato al parlamento cubano durante la república: 71,872.

"Fue una de las personalidades políticas más influyentes en los últimos 20 años de república'', afirmó Yánez. "A la muerte de Chibás, era sin dudas una figura que podía alcanzar la presidencia de Cuba''.

Pardo Llada fue uno de los oradores del duelo de Chibás, con quien compartía una acendrada proyección anticomunista.

Su amistad con el entonces joven abogado Fidel Castro se fortalece en estos años. Castro visitaba casi a diario la casa de Pardo Llada y su esposa María Luisa Alonso en la barriada de El Vedado. En una de esas visitas, mientras aguardaba por el amigo periodista, Castro tuvo que auxiliar a Alonso y conducirla de urgencia a un hospital cercano donde dio a luz a Bernadette.

De la biblioteca de esa vivienda Castro tomó prestadas las obras completas de Benito Mussolini y nunca se las devolvió a su dueño, según Yánez.

Tras el golpe militar de Fulgencio Batista en 1952, su escuchado espacio radial resultó suspendido en 42 ocasiones y sufrió varios arrestos. Fundó un movimiento político e impulsó la resistencia cívica frente a la dictadura batistiana hasta que decidió marchar a la Sierra Maestra para unirse a la guerrilla rebelde de Castro, a finales de 1958.

Sumado a las tareas revolucionarias a partir de 1959, viaja junto al comandante argentino Ernesto "Che'' Guevara a Egipto y la Unión Soviética.

Pero en 1961 desertó en México, desencantado con el rumbo comunista del proceso revolucionario.

Ante sendas negativas de asilo político en México y España, viajó a Colombia con la promesa de un empleo en el periodismo y se radicó en Cali en 1963.

En Colombia escribió para la revista Cromos, dirigió el periódico caleño Occidente y colaboró con el diario El Tiempo.

Se mantuvo en el ejercicio periodístico hasta sus últimos días a través del espacio Mirador en el Aire, de Radio Viva Cali, y de un programa semanal de debates en el canal regional Telepacífico, siempre con altos niveles de popularidad.

Pero por temperamento y naturaleza no podía estar al margen de las trifulcas políticas. Cuando el presidente Alfonso López Michelsen le otorgó la ciudadanía colombiana en 1974, fundó en Cali el Partido Movimiento Cívico, que lo catapultó como representante a la Cámara por el Departamento del Valle.

También fue embajador de Colombia en Noruega y República Dominicana.

Tras 43 años de exilio, regresó a Cuba por primera vez en el 2004 para someterse a un tratamiento oftalmológico.

Entre sus libros figuran Memorias de la Sierra Maestra (1960), Pido la palabra (1983), Fidel y el Che (1988), Yo me acuerdo (1994) y Santería (2001). Dejó inconcluso un libro de memorias que escribía para la editorial Renacimiento, de Sevilla.

Además de Bernadette, lo sobreviven su esposa por los últimos 28 años, la ingeniera colombiana Elsy Calderón. También su hijo José Pardo Kroneman, fruto de una relación romántica. Su primera esposa, María Luisa, falleció en 1980.

Los servicios fúnebres se realizarán el sábado, a la 1 p.m., en la Iglesia San Fernando de Cali. Sus restos serán sepultados en tierra colombiana, aunque su última voluntad es que algún día sean llevados a Cuba.

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