El Centro Comercial Plaza Carlos III del centro de La Habana, de tres pisos, es una muestra de artículos que infringen las leyes del embargo. Hay gorras de pelotero Wilson, accesorios de iluminación Westinghouse, exprimidoras Proctor-Silex y hornos de microondas General Electric.
Y eso es sólo en el segundo piso.
En la calle, jeans Sean John y gafas de sol Ray-Ban se ven junto a las camisetas del Che Guevara. En algunas oficinas del gobierno hay computadoras Dell y Cubana de Aviación tiene por lo menos un Boeing 767.
Con tantos artículos estadounidenses a la vista, podría excusarse a los cubanos por pensar que el embargo, implementado hace ya 50 años, en realidad no imposibilita conseguir productos, sino que los hace más costosos.
"El embargo no es entre Estados Unidos y Cuba'', dice Manuel, un taxista habanero de 46 años. "Es entre los cubanos: los que pueden comprar las cosas y los que no pueden''.
Aunque es ilegal que la mayoría de las compañías estadounidenses y sus filiales hagan negocios en la isla, el mercado cubano está repleto de esos productos.
Ciertos artículos, como alimentos, productos agrícolas y medicinas son legales como excepciones al embargo. Pero otros los llevan empresarios, compañías fachada del gobierno y distribuidores independientes a quienes las leyes de Estados Unidos les preocupan poco.
"No hay nada de lo que nosotros producimos que no se pueda adquirir de abastecedores extranjeros'', dice Robert Muse, abogado de Washington y experto en el embargo.
"Si ellos [los cubanos] quieren algo, siempre pueden conseguirlo''.
Situada dentro del Centro Comercial Hicacos en la exclusiva playa de Varadero hay una tienda que vende docenas de modelos de zapatos deportivos New Balance.
En la sede de la compañía en Boston, el vicepresidente Edward Haddad dice que su empresa cumple el embargo, pero piensa que esos zapatos se los compraron a la distribuidora independiente de Centroamérica, que opera en la Zona Franca de Colón, Panamá.
Empresarios de todo el Caribe se abastecen en Colón para revender, explica.
"Uno de los motivos por los que hay tantos artículos estadounidenses en Cuba es la manera en que se opera esa región'', agrega. Muchos compran en efectivo. La gente va a la Zona Franca de Colón, compra productos y se los llevan, y los dueños de esas marcas no tienen idea de qué pasa después''.
Kim Freeman, portavoz de GE, no sabe explicar cómo los hornos de microonda van a parar a las vidrieras del Centro Comercial Plaza Carlos III a 260 pesos convertibles, conocidos como CUC, equivalentes a unos $312.
"Los acuerdos industriales con nuestros distribuidores les exigen que cumplan las normas de control comercial de Estados Unidos, que prohíben a las compañías estadounidenses vender a Cuba'', dijo Freeman en una declaración. Ese centro comercial lo opera el conglomerado CIMEX, propiedad del gobierno cubano. "Investigaremos y tomaremos las medidas necesarias si se han infringido esos acuerdos'', añadió.
Hasta bienes como aviones de pasajeros pasan por los huecos del embargo.
Por ejemplo, el Boeing 767 que opera Cubana de Aviación. Fabricado a principios de los años 90, comenzó a prestar servicio con la aerolínea brasileña Varig antes de ser trasladado a una compañía portuguesa de arriendo de aviones, según Airframes.org. El avión finalmente fue adquirido por STP Airways, de Sao Tomé y Príncipe, en el 2008. Desde entonces el avión vuela con los colores de Cubana a aeropuertos de Europa, según tres fuentes expertas en la materia.





























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