La voz de Guillermo Rigondeaux suena agitada del otro lado del teléfono. Acaba de terminar una agotadora sesión de entrenamiento con Freddie Roach y el cubano no ve la hora en que pueda ir a las duchas para refrescar.
"Mi hermano, este hombre me tiene sofocado'', afirma Rigondeaux con cierto asomo de broma en referencia al legendario entrenador. "Ahora entiendo por qué ha formado tantos campeones mundiales. Con Freddie no hay tiempo que perder. Nunca se cansa''.
Rigondeaux no lo reconoce abiertamente, pero deja entrever que las prácticas con Roach en el Wildcard Boxing Club superan bastante en intensidad a las que solía tener en el centro de alto rendimiento donde entrenaba el equipo nacional de Cuba para los torneos internacionales en el Wajay.
Y Roach, que ha sido elegido Mejor Entrenador del Año en tres ocasiones, no quiere dejar duda alguna cuando suba por primera vez a la esquina del antillano durante la velada que tendrá lugar el 18 de septiembre en el Hotel Fontainebleu de Miami Beach.
"Freddie está muy ilusionado con Rigondeaux y eso dice mucho del doble campeón olímpico, porque ese tipo de entrenador se da el lujo de escoger con quién quiere trabajar'', explica Luis De Cubas, uno de los directivos de Caribe Promotions que dirige la carrera de Rigondeaux. "Un boxeador tiene que ganarse la oportunidad con Freddie. Debe estar a a la altura de sus exigencias''.
Las exigencias de Roach son muchas. Lunes, miércoles y viernes son dedicados a los sparrings -rounds de preparación con otros púgiles-, mientras que martes y jueves a la preparación física pura.
Entre golpe y golpe, el técnico no deja de conversar con Rigondeaux y le regala manojos de consejos que le ayudarán en su carrera, desde cómo utilizar las combinaciones hasta la manera de mantener el balance en los peores momentos.
Así, cuidando el más mínimo detalle, pule a un campeón.
"Este hombre sabe lo que está hablando, cree en lo que dice y cree en mí, y eso me da mucha confianza'', afirma el santiaguero. "De verdad, tiene una fuerza de voluntad que es admirable''.
Todo tiene una explicación. Cuando Roach dio por terminada su carrera de boxeador (39-13, 15KO) no poseía ni título ni dinero y apenas sabía que iba a hacer con su vida fuera del ring.
Como si fuera poco, no imaginaba que los múltiples golpes en su cabeza traerían como consecuencia el desarrollo del Mal de Parkinson, que aún se encuentra en sus estadíos inferiores. También sufre de dystonia, un padecimiento que afecta los músculos.
"Yo sólo sé que él se sube al ring con uno y parece un hombre en tremenda forma cuando guanteamos'', explica Rigondeaux. "Es como si el boxeo lo rejuveneciera. Hay entrenadores y maestros. Este reúne a los dos en uno''.
Roach trabajo muchísimo para levantarse del anonimato y convertir al Wildcard en un punto casi obligado en el recorrido hacia un título del mundo, una suerte de meca del pugilismo. Ubicado en una ciudad que vende ilusiones como Hollywood, en Los Angeles, el gimnasio es un cable a tierra que se advierte en la pátina de sudor que lo recubre todo
Por allí han pasado, entre otros, Mike Tyson, James Toney, Bernard Hopkins, Oscar de la Hoya, Amir Khan, Many Pacquiao...y ahora Rigondeaux.
"El es un muchacho muy talentoso'', había declarado a principios de mes Roach sobre el cubano. ‘‘Uno puede advertir la experiencia. Para las 122 libras, es un pegador de mucho cuidado y su defensa es muy buena. Sólo necesita añadir cosas. Combinar mejor y no conformarse con un solo golpe. Pero está dispuesto a aprender''.
Rigondeaux, por su parte, ha puesto a un lado el ego y su impresionante historia amateur para nacer de nuevo al boxeo profesional de la mano de Roach, que no quiere derrochar ni un minuto con su pupilo.
Por eso, Rigondeaux pasará de cuatro a 10 asaltos en apenas su tercera pelea rentada ante un rival de experiencia como el brasileño Giovanny Andrade (60-11, 7KO) por un título internacional que lo ranqueará en los tres principales organismos del boxeo.
"Se dice fácil, pero no lo es: 10 asaltos en muy poco tiempo'', afirmó Rigondeaux. "Pero yo no vine de Cuba a tener miedo ni a rechazar oportunidades. Así que vamos para alante, y si Freddie dice que voy a llegar lejos, no seré yo quien lo contradiga''.



























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