Marino Martínez

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RINCON DEL RECUERDO

Una gloria del béisbol amateur cubano

 

mmartinez@elnuevoherald.com

‘‘En Cuba el pelotero tiene un límite en su desarrollo y decidí probar suerte para jugar en Grandes Ligas’’, afirmó el pitcher. "Estaba cansado que me impusieran hasta dónde llegar y hasta cuánto ganar’’.

Arrojo firmó con la nueva tranquicia de Tampa Bay en el año 1997.

Debutó el 1 de abril de 1998 y en esa misma temporada se convirtió en uno de los mejores lanzadores de la Liga Americana al terminar con 14 triunfos, 12 reveses, 152 ponches y 3.56 de efectividad en 202 entradas, actuando con el equipo de menos calidad en ambos circuitos (63-99).

Arrojo fue elegido para el Juego de Estrellas (1998) celebrado en el Coors Field de Colorado, y tiró la sexta entrada con un ponche y sin tolerar carreras a las Estrellas del viejo circuito.

El 13 de diciembre de 1999 fue cambiado a los Rockies de Colorado, en la Liga Nacional, equipo con el que no tuvo una buena actuación (5-9).

‘‘Durante mi carrera en Cuba no estaba acostumbrado a cambiar de novena y me sentía muy bien con Tampa. Ese cambio me afectó animícamente’’, señaló Arrojo.

Los Rockies lo enviaron a Boston el 27 de julio del 2000, y con los Medias Rojas ganó 14 y perdió nueve (.609) en función de relevo.

Arrojo antes de lanzar en las Mayores tiró 2,027 entradas y dos tercios en Series Nacionales en 13 temporadas completas.

‘‘Lamento profundamente haber llegado al béisbol de Grandes Ligas después de lanzar durante casi toda mi carrera en la pelota cubana’’, afirmó el serpentinero. "Y lamento también que otros centenares de peloteros estelares de ese país se hayan visto limitados en su desarrollo deportivo’’.

Arrojo exhibía una recta entre 92 y 95 millas, una curva hacia abajo frente a zurdos, un efectivo slider, otra curva mortífera a tres cuartos frente a derechos, un buen cambio de velocidad, su control era excelente y fue un pitcher inteligente que era dueño absoluto de la lomita por su aplomo y confianza en sí mismo.

Y si Arrojo no lo dijo por la modestia que le caracteriza, yo que tuve la suerte de verlo actuar desde que tiró su primera bola en Estados Unidos, puedo asegurar que reunía todos los atributos para tocar el cielo con la mano en el deporte de las bolas y los strikes en Grandes Ligas’’.

El villaclareño tiene tres hijos y actualmente radica en St Petersburg, Tampa.

Rolando Arrojo es otra gloria del béisbol amateur cubano que escapó de la isla en busca de libertad y de un mejor futuro económico y profesional.

El Nuevo Herald

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