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¿Artista apolítico? Nah...

smoreno@elnuevoherald.com

En el 2001, en un bar de La Laguna, una ciudad de la isla canaria de Tenerife --que completa su nombre como San Cristóbal de La Laguna y a la que quizá por ello siempre imaginé en vecindad espiritual con La Habana, que tiene el mismo santo patrón-- los parroquianos que esa noche llenaban el bar coreaban el tema de moda del cantante francés Manu Chao, Me gustas tú, de su disco Próxima estación: Esperanza.

"Qué horas son, mi corazón'', empieza el tema de Chao. "Permanece en la escucha, 12 de la noche en La Habana, Cuba'', y así continúa la letra mencionando horas y capitales. La gente la cantaba, eufórica, en medio de una nube de humo, y yo me erizaba de pies a cabeza. Para ellos La Habana era un destino exótico y misterioso, para mí --en Canarias o en Miami-- es Mi Ciudad.

Ahora que Manu Chao se prepara para ofrecer esta noche su concierto en la escalinata de la Universidad de La Habana, uno de los dos que dará en homenaje al Ché Guevara (el otro será el lunes en la ciudad de Santa Clara) me vienen los recuerdos de los largos discursos que teníamos que soportar los 8 de octubre. En Cuba, el día de la muerte del Ché, los que fuimos niños de la revolución repetíamos, como todas las mañanas en el matutino: ``¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Ché!''

¿Pero quién es este cantante que parece también querer ser como el Ché? Nada de largas horas soltando consignas bajo el sol hay en el apego de Manu al guerrillero argentino. Entre el éxito de Me gustas tú y las constantes visitas de Manu a Cuba, el francés se convirtió en uno de los artistas más populares para la juventud europea y latinoamericana, y también en un ultramilitante contra la "bestia negra'' de la globalización y el capitalismo.

El radicalismo de Manu no es gratuito. De su padre, Ramón Chao, lo hereda. El periodista gallego, se dice, se exilió en Francia por ser un perseguido del caudillo español Francisco Franco. Sin embargo, ese dato, que recogen las biografías de quien durante mucho tiempo fue editor jefe de Radio France Internacionale --donde entabló relación con la mayoría de los escritores latinoamericanos exiliados en París--, no le impide apoyar a otra dictadura. Algún olfato para reconocer a los tiranos se debería desarrollar cuando se ha sido perseguido por uno, ¿o no?

Con motivo de la presentación de su libro Los milagros de Cuba (Barcelona, 2008), una mezcla de guía turística de la isla con alabanzas a los logros del sistema, el padre de Manu señaló a la prensa española, en un artículo al alcance de todos en internet, que lo había escrito a propuesta de Abel Prieto, el ministro de Cultura de Cuba.

¿Pero, por qué parece llegar tarde Manu al festín de La Habana? ¿Por qué no estuvo en el concierto de Juanes y Cía.? Quizás porque se hubieran robado luces entre estrellas, o porque si Manu subía al escenario, el concierto no hubiera sido ni de lejos "blanco''. Manu es"`un libro rojo'' ambulante; es un dogmático como esos viejos cuadros del Partido, ya desaparecidos.

Con el francés se subirá al escenario de la escalinata universitaria el músico cubano Kelvis Ochoa, que ahora reside entre Cuba y España. Durante mucho tiempo, Ochoa vivió en Madrid y fue miembro de Habana Abierta. Con uno de los cantantes del grupo, Boris Larramendi, interpreta el tema Hasta que lo digas tú, que algunos pudieran pensar es una canción de amor, pero los que leen entre líneas saben a quién está dedicada. No es difícil imaginar las diferencias entre Ochoa y Larramendi, que acaba de dedicarle una canción a Pánfilo durante la campaña para su liberación, Jama y libertad.

Si Ochoa cantaba en Miami cada vez que se presentaba Habana Abierta y ahora lo hace con Manu en Cuba, ¿qué se le puede reclamar a Manu? La respuesta al tema del compromiso político la dio el cantautor argentino Facundo Cabral en una reciente entrevista: "Soy apolítico porque toda ideología es una idea petrificada y la vida es dinámica''. Sabias palabras para imberbes.

De todas las versiones de activismo que puede desarrollar un artista hoy, especialmente en las sociedades libres, la mejor es aquella destinada a obras sociales. Ricardo Arjona dijo, en una conferencia el mes pasado en la Universidad de Harvard, que la "única manera de generar cambios sociales importantes es generando primero cambios personales''. El cantautor guatemalteco lo ha puesto en práctica con una fundación que ayuda a 5,000 niños en su país. Muchas celebridades han demostrado su compromiso con obras sociales: Ricky Martin, Shakira, Alejandro Sanz, Juanes, Angelina Jolie y Brad Pitt, entre otros.

Emplear el nombre y la fama a favor de una causa, y no sólo hacer el símbolo de la paz con los dedos mientras se desfila en traje de seda por la alfombra roja, es lo único efectivo que le queda al artista entre tantas palabras vacías.

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