Pero la mayor parte de los agentes aparentemente fueron parte de una campaña más amplia: establecer contacto con agentes de inteligencia estadounidenses, identificarlos, mantenerlos ocupados y pasarles información errónea, dijeron ambos expertos.
Añadieron que las preguntas formuladas por los funcionarios estadounidenses que entrevistan a ese tipo de agente también puede arrojar cierta luz sobre lo que la inteligencia sabe o no sabe acerca de la isla.
Cualquier cubano que entra a una embajada de Estados Unidos ofreciendo información, generalmente se entrevista primero con un funcionario del Departamento de Estado de poco rango, según los expertos. Pero si la información parece prometedora, el visitante después pasa a un funcionario de la CIA o del Departamento de Defensa.
La mayoría de los agentes cubanos ofrecen una amplia gama de información que Cuba sabe le va a interesar a la inteligencia de Estados Unidos: la capacidad de Cuba de interceptación electrónica, guerra biológica o química, quizás descontento con la jerarquía militar o lavado de dinero.
"Pero esa información generalmente tiene, como se dice a veces, una milla de ancho y una pulgada de profundidad', sin detalles significativos en ninguna categoría'', dijo uno de los expertos.
Los funcionarios militares y de la CIA, si embargo, son renuentes a rechazarlos a priori porque la información puede parecer legítima, "y allí [en las embajadas] no existe la capacidad de atrapar a la gente en mentiras''.
"Otra característica de esos agentes es que son un fuerte drenaje de recursos, conocidos como pierde-tiempos' porque la inteligencia estadounidense tiene que invertir tiempo y esfuerzo en identificar que son falsos y dejarlos que sigan'', dijo el experto.
Y todo eso a Cuba le cuesta poco, dijo. Un cubano con sólo 20 horas de capacitación puede presentar una oferta de información lo suficientemente interesante como para pasarse 100 horas hasta llegar a la conclusión de que la información es fraudulenta.
Aunque el empleo de esos visitantes inesperados por parte de Cuba se extendió durante años antes y después de los ataques terroristas de Al Qaida, las visitas ocurridas poco después de los hechos del 9/11 indignaron particularmente a los funcionarios de la administración de Bush.
"El régimen de Castro ha. . . intentado eso por lo menos una vez al mes después del 11 de septiembre, supuestamente para ofrecer información sobre ataques terroristas inminentes contra Estados Unidos u otros intereses de Occidente'', dijo Dan Fisk, subsecretario adjunto de Asuntos de las Américas del Departamento de Estado, en un discurso pronunciado en Washington el 17 de septiembre del 2002.
"Esto no es un juego inocuo'', añadió Fisk. "Es una peligrosa e injustificada acción que perjudica nuestra capacidad para evaluar peligros verdaderos. . . Y algún día podría costar vidas''.



























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