Los fusilamientos
SÃ, en Camagüey hubo fusilamientos, pero traté de que los tribunales establecidos se guiaran por reglas definidas y que se condenara a morir estrictamente a aquellas personas que tenÃan crÃmenes probados, no por las arengas de Fidel Castro. Camagüey fue la región donde menos se fusiló en todo el paÃs. Cuando Fidel venÃa a mi casa en Camagüey criticaba que no se estaba siendo enérgico en los juicios, que no se estaba fusilando suficiente. DecÃa que habÃa que dar una lección histórica. Fue una estrategia calculada: sembrar el temor en el pueblo antes de que la revolución se tornara marxista leninista.
Raúl Castro y la noche de San Bartolomé
Raúl es un hombre muy hábil en la insidia, capaz de predisponer a una persona contra otra con mucha malicia. Es muy inteligente para la maldad y tiene sangre frÃa para matar. En una reunión que tuvimos en el Palacio Presidencial el 11 de junio de 1959 me dijo que para que la revolución se consolidara habÃa que realizar en Cuba una noche de San Bartolomé, que es como se conoce la masacre perpetrada contra los hugonotes en Francia en 1572. Raúl me contó una vez que cuando él se estableció con su columna en la zona de MayarÃ, en los dÃas de la Sierra Maestra, eliminó a muchos rebeldes por ser indisciplinados, que se negaban a obedecer a su mando. "Les di guiso, guiso sin contemplaciones'', me dijo. En Santiago de Cuba, luego del triunfo de 1959, me dijo que de la justicia revolucionaria se encargarÃa él. La misma mañana del 12 de enero de 1959, cuando yo fui trasladado a Camagüey, fusiló a más de 100 personas en Santiago de Cuba.
Un hombre tenebroso
Ramiro Valdés estuvo a cargo de mi custodia cuando me arrestaron y fui trasladado desde Camagüey a La Habana. Es un asesino de pura raza, muy dócil a los Castro. TenÃa cierta rivalidad con Raúl desde los dÃas de la Sierra Maestra, pero eso ya lo superaron hace rato. Es un hombre tenebroso, le place hacer daño. En la Sierra tenÃa el rol de detectar y matar a los que se infiltraban en las filas rebeldes.
Mi amigo el Che Guevara
Conocà al Che en la Sierra , estuve al principio bajo sus órdenes y pronto hicimos una gran amistad. Era un aventurero que estaba aguardando por un espacio para cumplir alguna hazaña, y la revolución le venÃa al dedillo para sus propósitos. Eso me lo confesó él mismo cuando le pregunté por qué se habÃa enrolado en la revolución. No era entonces un asesino nato, aunque luego en la Cabaña fusiló sin piedad a mucha gente. Fueron los Castro quienes lo convirtieron en un matarife, en una máquina de matar. Se acercó a mà porque yo tenÃa una preparación cultural y le gustaba debatir sobre literatura y escritores. Todas las mañanas hacÃamos un tiempo para hablar de Dostoievski, de VÃctor Hugo, de Balzac. Era un hombre culto. Un dÃa le dije que me parecÃa que ideológicamente él estaba muy cerca del marxismo. "Yo tengo algo de marxista, pero nunca compatibilizarÃa con un sistema como el estalinismo soviético", me confesó. Creo que en ese momento hablaba con sinceridad.





























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