Publicado el domingo, 10.25.09
CuSco, cuna del Imperio Inca
By MANUEL C. DIAZ
Especial/El Nuevo Herald
Al llegar a Sacsayhuamán comenzó a llover. Nosotros, como siempre, llevábamos capas y sombrillas. Pero los del grupo que no las tenían pudieron comprarlas a la entrada de la fortaleza. Sacsayhuaman, que en quechua significa ``halcón satisfecho'', es una de las construcciones incas que más asombra a los turistas. Nuestro guía nos explicó que su construcción tardó más de 60 años y requirió el trabajo de unos veinte mil hombres. Su área está conformada por tres terraplenes alineados con colosales bloques de piedra prodigiosamente unidos entre sí. Se denomina como una fortaleza porque así fue como los conquistadores españoles la describieron en sus crónicas. Pero para los incas, según nos explicó nuestro guía, fue un templo dedicado al culto solar. Hasta Garcilaso de la Vega la describió como la Casa Real del Sol.
Regresamos a nuestro hotel, el Casa Andina Private Collection, ya al atardecer. Pero antes de prepararnos para la cena-show de esa noche --que sería en el restaurante Don Antonio, uno de los más famosos de Cusco y a sólo tres cuadras de la plaza-- caminamos un poco por nuestra cuenta por la ciudad. Lo primero que nos sorprendió fue que la influencia española no predomina como en otras capitales de Latinoamérica. Sí, hay iglesias de arquitectura barroca; pero están construidas sobre cimientos --y entre paredes-- incas. Es como si la cultura inca se hubiese negado a ser asimilada. Esa sensación es reforzada por la numerosa presencia de nativos, descendientes directos de los incas, que con sus ropas típicas y acompañados de sus inseparables alpacas (mamíferos rumiantes que sirven como bestias de carga y de cuyo pelo se fabrica la tela alpaca) pueden verse en los lugares turísticos donde se dejan retratar por alguna propina.
Al otro día antes de emprender viaje hacia el Valle Sagrado visitamos Coricancha, un templo sagrado de los incas construido por Tupac Yupanqui y sobre el que los españoles levantaron el Convento de Santo Domingo. Hoy todo lo que queda de él, además de una sección de sus paredes originales, es una maqueta arquitectónica en la que se reproducen a escala sus pasadas estructuras. Nuestro guía nos explicó que sus murallas estaban recubiertas de oro. Cuando Pizarro lo ocupó, ese metal precioso fue derretido y enviado a España. Algún tiempo después, Francisco Pizarro le cedió el lugar a su hermano Juan quien, al morir en 1536, se lo dejó en herencia a los Dominicos, quienes lo han ocupado desde entonces.
Cuando terminamos de visitar Coricancha, emprendimos el viaje hacia lo que se conoce como el Valle Sagrado, en la zona del río Urubamba, cuyos principales lugares de interés son las ciudadelas incas de Pisac y Ollantaytambo, donde dormiríamos esa noche. En Pisac no hay mucho que ver: pueden visitarse el mercado de la ciudad y las ruinas de una fortaleza inca que están en lo alto de una montaña. Como íbamos camino a Ollantaytambo no teníamos mucho tiempo, así que sólo visitamos el mercado, que consiste en una serie de quioscos, levantados alrededor de la plaza central, donde se venden artesanías.
De Pisac salimos hacia Ollantaytambo, un típico pueblo inca, ejemplo de la planificación urbana de esa milenaria cultura, donde todavía se mantienen intactas sus estrechas calles de adoquines --en algunas de ellas los ómnibus turísticos no pueden transitar-- y sus antiguas divisiones, llamadas ``canchas'', con una sola entrada a las pequeñas plazas. La principal atracción de Ollantaytambo son las ruinas de la fortaleza inca donde se refugió el emperador Manco Inca después de su derrota en Saqsaywaman a manos de los españoles. Al igual que otras fortalezas incas, también servía como templo. En su cima, a la cual se llega ascendiendo a través de las terrazas de la ladera, hay un centro ceremonial perfectamente conservado. Muchos de nuestro grupo no pudieron subir. Pero los que lo hicimos disfrutamos de una espectacular vista de todo el valle y de las montañas que lo circundan. Así, desde lo alto de la antigua fortaleza que lo protegía, nos despedimos del Valle Sagrado de los Incas. Fue una experiencia inolvidable y una prueba de lo que nos esperaba al día siguiente: Machu
Picchu.
Manuelcdiaz@comcast.net
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