Otro hecho relevante asociado a la muerte de Cienfuegos fue la muerte del también comandante Cristino Naranjo, amigo personal de éste. Naranjo, que había iniciado su propia investigación sobre la muerte de Cienfuegos, fue baleado por el capitán Manuel Beatón a la entrada del Campamento Libertad (antigua Columbia) por supuestamente no haberse identificado.
Varios meses después, Beatón se alzó en armas contra el gobierno, siendo capturado y ejecutado sumariamente. Orta refiere que un miembro del tribunal, el teniente Agustín Onidio Rumbaut, logró entrevistarse con el detenido y que éste le confesó que Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Guevara, el también comandante Félix Torres y el capitán Jorge Enrique Mendoza habían sido los responsables de la muerte de Cienfuegos. Agregó Orta que unos días después del proceso y después de haber preparado un informe confidencial, el teniente Agustín Onidio Rumbaut murió en un "accidente de cacería''.
TOTALMENTE LEAL
Por su parte, Matos indicó que Cienfuegos también estaba descontento con la penetración comunista, pero que a su vez se confesaba un hombre totalmente fiel al líder de la Revolución. Apunta Matos que en una ocasión le entregó a Cienfuegos un escrito promarxista que había sido incluido en la publicación Verde Olivo y que el jefe del ejército se molestó y responsabilizó a Guevara y a Raúl Castro de la publicación.
Matos refirió que, tras su arresto, Cienfuegos no dejó nunca de tratarle con respeto y consideración, actitud que le era informada a Castro por Mendoza. Matos opina que estas informaciones precipitaron las acciones punitivas contra el carismático comandante. Después de la muerte de Cienfuegos y la prisión de Matos, la influencia y el poder de Mendoza se incrementó considerablemente.
Refiere Matos que Raúl Castro sentía una gran aversión hacia Cienfuegos por la popularidad que éste disfrutaba, y que Fidel Castro temía que Cienfuegos pudiera provocar una crisis de grandes proporciones, no sólo dentro de la estructura del poder revolucionario sino también en la población. Cuenta Matos que Cienfuegos criticó la manera en que Castro dirigió su caso, lo que puso en alerta al gobernante sobre posibles problemas con un individuo que le había sido hasta ese momento incondicional.
Agregó Matos que Castro envió a Cienfuegos para que lo arrestase en su despacho en el regimiento Ignacio Agramonte con la intención de que se originase un tiroteo en el que éste muriera y así salir de los dos de una vez por todas. Pero que Cienfuegos tuvo la precaución de ordenarles a sus oficiales que las tropas no dispararan cuando le fueran a detener, lo cual frustró el supuesto plan.
Sobre la avioneta Cessna 310, desaparecida con tres hombres a bordo, dice Matos que no tiene la más mínima duda de que fue abatida por orden de Fidel Castro. Apunta que Fariñas, el piloto, era un hombre muy disciplinado, que no se habría desviado de la ruta sin haber pedido autorización. Este aspecto es también comentado por Orta, quien afirma ‘‘que desde la torre de control aéreo de Camagüey le indicaron a Cienfuegos que el comandante Félix Torres estaba perdido sobre el mar al sur de la ciudad de Trinidad, Las Villas, y que era necesario se sumara a su búsqueda''. Según el declarante esto propició que un avión Sea Fury derribase el Cessna de Cienfuegos.
También dijo Matos que estando en la prisión del Castillo del Morro, La Habana, recibió dos mensajes de Camilo en el que este le advertía que tendría que declarar en su contra ya que su situación personal --la de Cienfuegos-- era muy difícil. Le decía que de ir a juicio sería fusilado y que estaba dispuesto a ayudarle para que se fugara de la prisión, a lo que el prisionero se negó aduciendo que quería un proceso judicial para denunciar públicamente lo que estaba pasando en el país.





























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