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El hombre que le hacía sombra a Fidel

 
 

CAMILO CIENFUEGOS, quizás sin quererlo, opacaba al 
propio Fidel Castro --como se lo aprecia en la escena 
durante el ingreso de los guerrilleros a La Habana, el 8 de 
enero de 1959--, aunque su muerte, a poco de haber 
apresado al comandante Húber Matos por órdenes de 
Castro, le ha servido al régimen para endiosarlo como 
uno de los mártires de la revolución.
CAMILO CIENFUEGOS, quizás sin quererlo, opacaba al propio Fidel Castro --como se lo aprecia en la escena durante el ingreso de los guerrilleros a La Habana, el 8 de enero de 1959--, aunque su muerte, a poco de haber apresado al comandante Húber Matos por órdenes de Castro, le ha servido al régimen para endiosarlo como uno de los mártires de la revolución.
STR/AFP/Getty Images

Especial para El Nuevo Herald

Agustín Alles Soberón, el primer periodista cubano en subir a la Sierra Maestra y entrevistar a los insurgentes del Movimiento 26 de Julio, fue amigo de Cienfuegos. Alles Soberón recuerda que en los días del caso Matos, Cienfuegos, en ruta hacia Camagüey, hizo escala en la ciudad de Santa Clara. Dice que conversó varios asuntos con Cienfuegos, entre ellos la situación de Matos, y que Cienfuegos le dijo que Matos debía ser ejecutado si había traicionado a la Revolución. Opina Alles Soberón que Cienfuegos era un incondicional de Fidel Castro y que habría hecho lo que éste determinara sin importar dónde estaba el bien o el mal, pero que no había dudas de que Cienfuegos tenía serias diferencias con Raúl Castro y Guevara.

NO ERA COMUNISTA

Sin embargo, el recién fallecido comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Lázaro Asencio, afirma en un articulo y en entrevista que concedió al autor, que Cienfuegos era comunista y que sus diferencias con Raúl Castro no fueron consecuencias de su defensa de Matos, sino porque éste protegía a oficiales como el hoy general Dermidio Escalona.

Continúa Asencio su relato planteando que un matrimonio que vivía en la Punta de la Bahía de Masio, cerca de Casilda, Trinidad, escuchó en horas de la tarde del 28 de octubre de 1959 una fuerte explosión y que vio que del cielo caía una bola de fuego a la vez que se oía el ruido de un avión. Apunta que cuando se conoció la declaración, el entonces capitán Osmany Cienfuegos viajó personalmente a Casilda para conducir a La Habana al matrimonio, del que no se volvió a saber. Afirma Asencio que conoció esta historia porque la pareja antes de ser secuestrada se lo comunicó a un funcionario de la Cruz Roja, quien a su vez se lo hizo conocer a él.

Asencio también comparte la idea de que el avión de Cienfuegos fue derribado por un Sea Fury y que la orden la dio el comandante Félix Torres, quien la había recibido de los hermanos Castro. Agrega que el oficial José Paz, que conoció del informe de que un Sea Fury había descargado sus ametralladoras, murió en un accidente en la Vía Blanca, cuatro días después de desaparecer Camilo Cienfuegos.

Concluyó Asencio su relato recordando que, dos días después, se encontraba en la lancha de un pescador de nombre Juan en la zona de Casilda, cuando avistaron una mancha de aceite y una almohada que presumiblemente pertenecían a la avioneta que buscaban. La información fue trasmitida de inmediato por radio. Una hora después se dijo que Cienfuegos había sido hallado vivo, lo cual determinó la suspensión de la búsqueda en toda la isla por varias horas, decisión que "permitió borrar las pruebas en el Masio de la caída en ese lugar de la avioneta de Camilo Cienfuegos''.

Igualmente, Jaime Costa, comandante del Ejército Rebelde, atacante del cuartel Moncada y expedicionario del Granma, afirma que Camilo Cienfuegos fue asesinado en un lugar de la Ciénaga de Zapata por decisión de Fidel Castro y por instigación de Guevara, Raúl Castro y el presidente Osvaldo Dorticós Torrado. Costa se encontraba en un avión que buscaba a Cienfuegos en compañía del comandante Juan Almeida, a la sazón jefe de la Fuerza Aérea de Cuba, cuando por orden de Fidel Castro se les ordenó aterrizar en Varadero, de donde fueron conducidos en automóvil hasta un punto de la Ciénaga de Zapata donde les esperaba Fidel Castro en compañía de otros altos dirigentes del gobierno.

Cuenta Costa que vio sobre la pista una avioneta igual a la que estaban buscando y era que Cienfuegos había aterrizado en ese lugar porque a su regreso a La Habana le informaron vía radio que Fidel Castro le esperaba en ese sitio. Según Costa, tanto él como Almeida escucharon las discusiones en las que se destacaban las voces de Fidel y Cienfuegos, quien se defendía firmemente de las acusaciones de que había traicionado a la Revolución.

La discusión duró toda la noche, pero ya avanzada la madrugada escuchó disparos y vio cómo arrastraban los cuerpos de varias personas hacia la avioneta que millares de personas estaban buscando todavía.

Costa concluyó su relato reconociendo que aunque fue amigo personal de Cienfuegos, no pudo actuar en su defensa, decisión que aún hoy le afecta a pesar de los años transcurridos.

El Nuevo Herald

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