En septiembre de 1962, durante una visita realizada a México, Juanita es interrogada por su amiga brasileña y enlace de la CIA, Virginia Leitao da Cunha, sobre los rumores de la instalación de armas nucleares soviéticas en la isla.
"No es un secreto", le responde Juanita, "que por lo menos en Sagua la Grande, Guanajay [ sur de La Habana] y San Cristóbal [Pinar del RÃo] algo están haciendo".
En el relato, le informa que el Hospital Naval de La Habana se habÃa convertido en "un centro hospitalario para rusos".
Tras producirse la muerte de su madre, Lina Ruz, en agosto de 1963, Juanita se sintió desprotegida ante la vigilancia de sus hermanos en momentos en que arreciaban sus actividades contrarrevolucionarias.
La decisión de la CIA de sacarla de Cuba sobrevino poco después en una carta enviada por Virginia y coincidió con el recrudecimiento del control de la inteligencia castrista sobre sus acciones.
Según el relato, Raúl Castro vino a verla a su casa con un abultado expediente del G-2 respecto a sus acciones contrarrevolucionarias. No se especifica si en la información contenida habÃan referencias a sus contactos con agentes de la CIA.
"Esto es una locura. Yo prefiero cerrar los ojos y no leer esto y creer que tú lo que eres es una muchacha medio loquita, con la boca suelta y nada más. De otra forma, si las cosas que dicen de ti fueran verdad, nuestra actitud serÃa diferente", le reprocha Raúl a Juanita en el libro. "Está de más decirte cómo está Fidel contigo".
Es entonces cuando Juanita aprovecha para decirle a Raúl que se irá a descansar un tiempo a México junto a su hermana Enma, y le pide su mediación para conseguir el permiso de salida del paÃs.
A lo largo del libro, Raúl es presentado como una suerte de escudo protector de Juanita frente a sus conflictos con Fidel Castro.
Raúl accedió y se despidió de ella con un beso y un abrazo. Juanita abandonó Cuba definitivamente el 19 de junio de 1964.





























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