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PALABRA DE PESO

El boxeo golpea el bolsillo y se ahorca en el intento

 
 

Joel Casamayor (der.) en su derrota ante el azteca Márquez.
Joel Casamayor (der.) en su derrota ante el azteca Márquez.

EL NUEVO HERALD

El boxeo no aprende, los promotores no hacen caso, los púgiles no se dan cuenta y todos viran la cara hacia otra parte para no ver la realidad cruda y desnuda que rodea a este deporte milenario y sangriento.

Ya sé que es un negocio puro y duro, y que necesitan hacer dinero, pero todo tiene un límite. Aquel que dictan el sentido común y lo normalmente permisible. Cruzar esa raya puede ser muy peligroso.

No puede ser que el cartel de este viernes, liderado por los veteranos Zab Judah y Joel Casamayor, nos cueste $24.99 en momentos en que muchos pierden sus casas y sus puestos de trabajo, sin que la economía de señales de recuperación. Al menos y no las veo.

Quiero ver pelear a Casamayor, más por una razón sentimental que hasta periodística, pero no a cualquier precio. Aunque pueda pagar para verla, no lo haré por una cuestión de principios. Y no creo que haya muchos allá afuera dispuestos a ofrecer más de $30 -si sumamos impuestos- para ver una velada sin una figura de peso en el boxeo actual.

Es una locura, casi un suicidio, que los promotores de esta cartelera que tendrá lugar en Las Vegas nos cobren esa cantidad, cuando justo en una semana hemos fijado nuestra imaginación -y los ahorros- en el combate entre Manny Pacquiao y Miguel Cotto.

Y esa pelea sí que nos pesará en el bolsillo. Vayan apuntando: $64.95 en alta definición y $54.95 en televisión standard. Pero bueno, esa es la pelea del año, la que llevábamos meses esperando. Aquí en El Nuevo Herald nos hemos puesto de acuerda para pagarla entre varios colegas y que la mordida monetaria duele menos.

Pero la suma es evidente: casi $100 en siete días. Señores, a ese ritmo no hay quien aguente.

"Van a matar al boxeo, es absurdo lo que quieren cobrar por un cartel sin atractivo de magnitud'', explica el conocido entrenador Roberto Quesada. "Se están alejando del gran público. El boxeo está cavando su propia tumba''.

Conozco a muchos que hace un mes hicieron un esfuerzo grande para resistir la tentación de comprar la cartelera que desde el Madison Square Garden trajo los triunfos de Yuriorkis Gamboa y Odlanier Solís, y conozco a otro puñado que esperó para contemplar ambas peleas por sitios de internet sobre cuyo servicio ni critico ni aplaudo.

Desde el primer gran espectáculo boxístico que llegó por la vía del Pago Por Ver (PPV), la legendaria batalla entre Sugar Ray Leonard y Thomas Hearns el 16 de septiembre de 1981, ha sido mucho el dinero que ha ido a parar a manos de las televisoras, los promotores y, como es debido, a los púgiles.

Oscar De La Hoya ha sido el campeón del PPV con casi 13 millones de unidades vendidas y una recaudación de $612 millones sólo en el mercado estadounidense. Hace poco la pelea Mayweather-Márquez sobrepasó el millón de unidades.

Esta bonanza, sin embargo, no oculta la dependencia casi total del deporte de los puños hacia las televisoras y no por gusto el presidente de HBO Sports, Ross Greenburg, le llamó a este fenómeno "el mayor problema económico del boxeo''.

"No puedo decir que el PPV ayuda al deporte, porque no es cierto'', explicó Greenburg. "Daña al boxeo porque achica su audiencia, pero esto es parte de la vida. Cada vez que vamos a preprar una pelea de título mundial chocamos contra las cifras míticas del PPV''.

En descargo de la televisión habría que decir que son los mismos promotores y boxeadores los que insisten en la fórmula del PPV, porque sus ingresos se multiplican entre tres y cuatro veces.

Pero los vemos menos.

Así que, aunque me duela, sabré de la fortuna de Casamayor cuando me reciba el cable de la agencia que se digne a cubrir la velada del viernes. O tal vez tenga que acudir a unos de esos sitios de internet que me permitiría verla unos días después. No me queda otra alternativa.

El Nuevo Herald

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