Hace un año Steven Guarin aceptó su trágico destino: los extraños tumores que le destrozaban su cuerpo de 21 años probablemente lo matarían en cuestión de semanas.
El estudiante de la Universidad de Miami (UM) recibió dos veces un tratamiento tradicional agresivo contra el cáncer en el Centro Sylvester de la Facultad de Medicina de la UM en Miami.
En ambas ocasiones se recuperó, pero poco después los tumores reaparecían y se le propagaban por todo el cuerpo.
En abril, Guarin, hijo de inmigrantes colombianos, estaba muy débil para ser sometido a más quimioterapia. Los médicos que lo atendían temían que pudiera morir en días. Su madre y su tía no se apartaban un momento de su cama en el Centro Sylvester, mientras oraban y se preparaban para lo peor.
"Es el niño de la familia y mi único hijo'', indicó el martes su madre, María. "Se puede imaginar cómo estábamos''. Joseph Rosenblatt, uno de los oncólogos que atienden a Guarin, indicó que el diagnóstico era poco optimista. "Se nos habían acabado las opciones'', expresó.
Sin embargo, a Rosenblatt se le ocurrió un plan que tal vez podría salvar al estudiante de Ingeniería Eléctrica, a quien le diagnosticaron un linfoma poco común tras graduarse de la secundaria G. Holmes Braddock.
Había una posibilidad remota. Rosenblatt trabajaba en la segunda fase de un experimento clínico de anticuerpo monoclonal --llamado SGN-35-- para combatir los extraños linfomas que estaban matando lentamente a Guarin.
El anticuerpo había sido adquirido por Seattle Genetics, que se prepara para comercializarlo, aunque pocas personas padecen de la enfermedad.
"Teníamos que encontrar una forma de probarlo en Steve, aunque no cumplía todos los requisitos. Para ese entonces ya estaba muy enfermo. Tenía fiebre altísima, el hígado le estaba fallando y el nivel de glóbulos rojos era muy bajo'', relató Rosenblatt.
El médico convenció a Seattle Genetics para probar el anticuerpo y se convirtió en el modelo de la nueva promesa.
"Al día siguiente de haber recibido la primera dosis ya me sentía mejor'', indicó Guarin. "Ha sido una medicina milagrosa''.
Recientemente, Guarin supo que el medicamento que todavía lo ayuda a sobrevivir fue creado cerca de su cama de hospital por un investigador clínico que visita pocas veces a los pacientes.
Guarin le envió al científico Eckhard Podack, profesor distinguido de Sylvester, un mensaje electrónico de agradecimiento.
"Usted es mi héroe. Le debo la vida'', le escribió Guarin a Podack.
El martes el investigador y el paciente --en un encuentro poco usual-- se vieron por primera vez en el Centro Sylvester, donde Guarin recibe la dosis semanalmente y gana fuerzas para continuar el tratamiento.
"Nunca he conocido a un paciente al que haya ayudado con mis investigaciones'', dijo Podack. ‘‘Es algo muy raro''.
En un salón del Centro Sylvester fueron presentados por Pascal Goldschmidt, decano de la Facultad Miller de Medicina.
"El Dr. Podack es el inventor del anticuerpo que lo ha ayudado'', le expresó Goldschmidt a Guarin. "Es extraño que se descubra un tratamiento para cualquier tipo de cáncer en general, sobre todo que funcionen, de modo que quería que se conocieran''.
Mientras Guarin y Podack se estrechaban las manos, Guarin le dijo: "Muchas gracias. No sabía que la escuela había ayudado a crear la tecnología. No sabía que había empezado aquí, así que me llena de orgullo porque yo también soy parte de la UM''. "Me alegra mucho conocerte'', le dijo Podack. "Luces bien''.
Podack le dijo a Guarin que había comenzado a trabajar en el anticuerpo a principios de los años 90, "cuando apenas habías nacido''.
Guarin le respondió: "Le agradezco mucho que hay dedicado su vida a la investigación''. Después agregó: "Hay muchas personas a las que tengo que darles las gracias, pero usted es la primera. Es bueno no sentirse mal''.
De forma sencilla, Podack explicó cómo funciona el anticuerpo, que se adhiere a los tumores y ‘‘evita que las células malignas actúen''.
"Es un medicamento tóxico combinado con un anticuerpo, de modo que el anticuerpo es un marcador. Encuentra las células malignas y se adhiere a ellas, y entonces el medicamento va directamente a su objetivo. Esa es la diferencia con la quimioterapia común, que afecta a todas las células, las malignas y las normales''.
La interpretación de Guarin: "Es como lanzar una bomba en una ciudad o utilizar un equipo especial que la haga estallar donde hace falta''.
Lisa Worley, portavoz de la Facultad Miller de Medicina, dijo que Guarin tuvo la suerte de estar en un complejo médico donde el trabajo se hace en un "laboratorio y se puede llevar directamente al paciente''.
"Afortunadamente, ha sido atendido en un centro médico docente, donde médicos y científicos trabajan juntos para crear y probar nuevas terapias.
Rosenblatt concuerda: "Steve pasó de no tener opciones a nuevas opciones. Ese es el mensaje más importante de su historia''.
Antes de marcharse, Podack le deseó a Guarin que se recuperara.
"Te deseo todo lo mejor; con el tiempo te vas a curar''. Guarin sonrió.





























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