En la calle lo conocen como "Level''. En cuestiones legales es René Martínez, el nombre en su acta de nacimiento. Y en la casa como "papi'' o "papito''.
Son varios nombres para una persona que ha tenido dos vidas y que hoy espera continuar su renacimiento y su segundo acto como peleador de artes marciales mixtas (AMM) en el evento G-Force a celebrarse en el Centro BankUnited de la Universidad de Miami.
Level, el temible ex pandillero miamense y peleador callejero, es una atracción de la cartelera de hoy. Level busca traducir su fama de peleador callejero y de patio, modalidad donde en un ring casero jóvenes pelean por dinero.
Martínez, quien ha sido arrestado en 21 ocasiones y dice haber noqueado a más de 100 personas en peleas callejeras, ahora enfrenta un reto distinto.
"Soy una persona cambiada. Es el mismo cuerpo pero diferente'', afirmó.
Su cuerpo, las cicatrices y los tatuajes cuentan la historia de sus 35 años. Level y su madre, Ileana Vázquez, quedaron sin hogar cuando él tenía 16 años.
De su pasado, en su pecho esta escrito "Hispanic Causing Panic'' (Hispano que Causa Pánico).
"Ese era yo. Me encantaba que me temieran'', dijo.
Muchos tatuajes más atestiguan su ferocidad en esa época, como "XL'' (en referencia a su pandilla), pero "Aliah'' -el nombre de su hija- señala el comienzo del cambio en su vida. También tiene un tatuaje de Jesucristo.
En el barrio donde se crió, Flagler y la 47 Av. había muchas pandillas y Level dirigía al Latin Syndicate de esa zona, con más de 100 integrantes.
"La pandilla es como un pulpo. Es difícil escapar esa vida'', afirmó. "Puede haber una transformación, pero para muchos es muy tarde. Deben salirse de los gangs antes de que sea demasiado tarde''.
En un momento, los pandilleros eran su familia más cercana.
"A los 14 años robamos un carro, chocamos cuando nos perseguía la policía y estuve en estado de coma un mes'', recordó Martínez. "Era muy loco; he hecho mucho''.
Una vez como 100 adversarios le atacaron en la Pequeña Habana y lo dieron por muerto. Un Buen Samaritano lo llevó al hospital y sobrevivió.
Los consejos de su compañero Luis "Babun'' Palomino, un peruano del mismo barrió y ahora convertido en luchador profesional, y de su maestro de jiu-jitsu, Daniel Valverde, le han abierto la posibilidad de que cualquier cosa es posible cuando se hace con convicción.
El renacer de Martínez finalmente llegó con el nacimiento de su hija Aliah, en 1999.
"Cuando ella tomó su primer bocanada de aire, cambió mi visión del mundo'', explicó. Dice que nunca más tocó un arma de fuego, aunque le encantaban. Su madre se recibió, comenzó a ir a la iglesia. Level empezó a desconectarse de la vida callejera.
"Yo estoy orgulloso de ella, y ella de mí. La hice pasar las de Caín'', agregó Martinez sobre su mamá.
Las lecciones de humildad ahora vienen de sus compañeros y maestros que le dominan y le enseñan en la artes marciales, y Level se ha dado cuenta que los más duros son también los más generosos.
"Soy adicto al jiu-jitsu, es como mi nueva droga'', afirmó. Sin embargo, aclara que en la calle nunca tomó drogas, pues lo consideraba dañinas e indicio de debilidad de carácter.
--¿Qué sabe de su rival de esta noche?
-- Lo vi en una pelea de patio hace un par de años. No me impresiona.



























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