En la audiencia de un juicio en la corte federal de Miami, el abogado Roy Black se había empeñado en que la palabra "guardia’’ en términos cubanos, debía ser traducida al inglés como "soldado'', y Angel Luis Nigaglioni, el intérprete oficial, insistía en que en la isla se les dice así a los policías.
Black, abogado estadounidense, le dijo a Nigaglioni que en la popular canción cubana Cabo de la Guardia, se daba a entender que era un militar.
"¿No se sabe usted la canción?", le preguntó Black al intérprete cubano durante el juicio a los policías corruptos del río Miami.
Entonces Nigaglioni le respondió que por supuesto se la sabía, y empezó a cantarla en medio de la sala de audiencias.
"Cabo de la Guardia siento un tiro, ay, estoy herido’’.
Si no hubiera sido por el juez que lo interrumpió, Nigaglioni hubiera continuado con el son de Alfredo Valdez al pie de la letra.
Esta fue una de muchas batallas que dio Nigaglioni para asegurarse de que los giros lingüísticos locales de América Latina y los dialectos particulares de la calle y los salones de la delincuencia organizada, desde la mafia de la droga hasta la del contrabando de indocumentados, pasando por el fraude a los seguros de salud y los de cuello blanco, sean entendidos por los miembros del jurado que definirá la suerte de los acusados.
Nigaglioni, el más antiguo intérprete de las cortes federales de Estados Unidos, se retira esta semana después de 35 años de labores, contento de haber cumplido con el lenguaje y la justicia, dice, y de haber sido un testigo mudo por obligación de la historia tras bastidores de una de las cortes más agitadas y vibrantes en todo el país.
"Lo he visto todo, es una profesión fascinante en la que cada día se aprende algo, no sólo del lenguaje sino de la condición humana, y uno tiene que estar al tanto de lo que quiere decir cada testigo, porque posiblemente en una palabra se juega su libertad’’, dijo Nigaglioni.
Para un colombiano, explicó, un almacén es una tienda comercial, pero para un cubano el almacén es un depósito. Y la tienda de la esquina en Colombia es la bodega del barrio en Cuba. Chivato le dicen los cubanos al soplón, aunque los colombianos lo llaman sapo y hay que saber de las calles habaneras para traducir a un sospechoso diciendo que se le debe "dar guiso’’ a un enemigo, o sea, matarlo.
"Nagüe’’ y "asere’’ se traducen como buddy (amigo, hermano, socio).
Fiel a las expresiones, Nigaglioni tuvo que traducir sin censura a un testigo contra el general panameño Manuel Antonio Noriega, quien, en medio de su declaración, y en vista de que no encontraba palabras formales para definir al gobernante, finalmente dijo: "A ver si me entienden, Noriega es el buey que más mea en Panamá’’.
Por la memoria privilegiada de Nigaglioni desfila la convulsionada historia judicial del sur de la Florida: fue intérprete de Noriega, quien durante los recesos repartía galletitas que le enviaba Naciones Unidas por ser prisionero de guerra; escuchó las sorprendentes confesiones criminales de los inmigrantes del Mariel; en el Miami de los años 80 tradujo a muchos testigos que declararon en los juicios contra exiliados cubanos radicales que atentaban a tiros y bombazos contra quienes no simpatizaban con su causa; también a los que hacían atentados en Cuba, y vio cómo se aumentaban los casos de los cubanos pioneros del narcotráfico en la ciudad antes de que el negocio quedara en manos de colombianos.





























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