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Segundo de una serie

Ascenso y debacle de magnate chavista

 

cocando@elnuevoherald.com

Ricardo Fernández Barruecos, uno de los hombres más ricos de la Venezuela de Hugo Chávez, pasó estas Navidades en un calabozo del sótano de la sede de los servicios de inteligencia militar en Caracas.

Está acusado de un multimillonario fraude bancario.

Para Fernández ha sido difícil soportar las condiciones de la cárcel, según su abogado, Antonio Guerrero.

"Sufre de presión alta y la diabetes se le ha agudizado porque las instalaciones no están diseñadas para tener gente, no hay ventilación ni luz natural'', explicó Guerrero a El Nuevo Herald.

Lejos están los días en los que Fernández, de 44 años, dormía en los silos de Almacenes de Depósito Agropecuario (Adagro), la compañía de su mentor y más tarde socio en Venezuela, Sarkis Arslanian.

Entonces tenía la tarea de vigilar las instalaciones como contrapartida de una deuda que mantenía con Arslanian, según un estudio confidencial que preparó una importante firma de seguridad de Estados Unidos y al cual tuvo acceso El Nuevo Herald.

La distancia en dinero, posición y poder entre ese joven esclavo económico de su mentor y el personaje que fue arrestado hace un mes es astronómica.

Fernández era uno de los hombres más ricos de América Latina con una fortuna que fue calculada en $1,609 millones en el 2005 por una filial de la firma de contabilidad KPGM en Caracas. En enero del 2008 su grupo empresarial Industria Venezolana Maizera Proarepa controlaba directa o indirectamente 270 empresas; empleaba 5,000 personas y poseía una de las mayores flotas pesqueras latinoamericanas, según una auditoría de reputación personal (Reputation selfdue diligence) elaborada por la transnacional FTI Consulting.

La auditoría fue contratada por Fernández para contrarrestar una "campaña negativa'' basada en afirmaciones perjudiciales "a las que le faltan legitimidad, evidencias y respaldo'', afirmó el reporte de FTI Consulting.

Si la revista Forbes se hubiera fijado en Fernández, tendría que haberlo registrado entre los 500 hombres más ricos del mundo al lado de Donald Trump.

Pero Fernández se encargó de que su nombre, su figura y sus negocios pasaran inadvertidos. Quizás por esa obsesión de privacidad, los cronistas de sociedad de Caracas no contaban con una sola fotografía suya cuando el pasado 20 de noviembre las autoridades venezolanos anunciaron su arresto.

El único gesto público de figuración que se le conoce es la inicial de su apellido en la proa de las embarcaciones de su flota atunera con sede en Panamá.

Fernández y su emporio han dejado de ser una incógnita.

A raíz de su arresto y acusación, han salido a flote informaciones sobre la enigmática vida a la sombra del poder de este hombre a quien Chávez elogió como un ‘‘verdadero empresario socialista'' en el 2006, y hace un mes crucificó públicamente poniendo en duda el origen de su fortuna.

Informes financieros, artículos periodísticos, auditorías inéditas, acusaciones de un ex asesor de seguridad y señalamientos de líderes de la oposición, han ofrecido nuevas piezas del rompecabezas de la vida y los negocios de Fernández.

Según personas cercanas, la meta de Fernández era convertirse en un competidor fuerte y en el mejor de los casos en un reemplazo de la familia Mendoza, que ha controlado durante décadas el sector alimentario y de bebidas de Venezuela. Los Mendoza son propietarios del Grupo de Empresas Polar, un emporio que produce desde harina de maíz hasta la cerveza de mayor venta de Venezuela.

El Nuevo Herald

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